jueves, 31 de diciembre de 2015

Crecimiento económico e inversión pública

El PBI peruano cerrará el presente año con un crecimiento de 2,8%, de acuerdo al consenso de agencias públicas y privadas. Es un resultado complejo considerando la situación de la región, que crecerá menos de 0,5%; las previsiones optimistas del BCR y del MEF de inicios de año, que situaban nuestro crecimiento sobre el 5%; y el pesimismo de los organismos multilaterales como el FMI que en octubre nos lanzó en Lima su famoso pronóstico de que creceremos apenas 2,4%, contestado públicamente por el Presidente de la República ante Cristine Lagarde.

 

Analizado con objetividad, este resultado atrapado por la percepción del vaso medio lleno o medio vacío, no es catastrófico y hasta debería ser relativamente satisfactorio, a tenor de las cifras que trae, como el crecimiento de 3,3% que se estima para el último trimestre y las oscuras previsiones para América Latina el año 2016. Estas posibilidades se ven alteradas desde la política, es decir, por el clima de polarización electoral que impide a los actores el reconocimiento de alguna variable positiva que podría incidir en el reconocimiento de la gestión pública del gobierno, aunque también desde la misma economía.

 

Veamos, el relativo logro de 2,8% resume el leve impacto de las medidas de reactivación impulsadas desde el año 2014 y que implicó rebajas impositivas y la flexibilidad regulatoria en varios sectores. Apreciados los componentes de nuestro crecimiento del 2015, los repuntes se deben al consumo resistente a la baja, a que se ha moderado la caída de la construcción y la pesca, al incremento de la actividad minera, especialmente de la minería metálica, y a la puesta en marcha de nuevos emprendimientos que precisamente no tenían problemas socio ambientales, como Toromocho y Constanza y la ampliación de Cerro Verde.

 

Del mismo modo, una razón que impidió un mayor registro del PBI ha sido el retraso de la inversión pública. Considerando los volúmenes más importantes, al 28 de diciembre, solo el sector Transporte alcanza una ejecución al 90% y en cambio se aprecian retrasos sustantivos en Educación con solo el 62% de ejecución, Agricultura (82%), Interior (55%) y Salud (86%).

 

La inversión en las regiones se ha visto afectada por una doble razón, una larga curva de aprendizaje de gobiernos con autoridades nuevas y la retracción en la toma de decisiones como efecto de las acciones de control. Arequipa solo ha ejecutado el 65% del presupuesto y Cajamarca el 59% en un cuadro donde ninguna región acaba el año superando el 90% de ejecución, acompañados de un aun más bajo gasto municipal en promedio.

 

El telón de fondo de este escenario de cierre de año, sirve también para el próximo, en la medida en que es ostensible que el consenso alrededor del crecimiento se ha deteriorado luego de 15 años y que el país espera un nuevo consenso, probablemente proveído por el resultado electoral del año 2016 solo si los candidatos pasan de las generalidades a explicarnos qué y cómo harán para impulsar nuestra economía a un nuevo ciclo de crecimiento, sostenible aunque moderado.


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