sábado, 2 de enero de 2016

Critican a Martha Chávez por homofóbica y Congreso peruano rechaza proyecto de ley de unión de personas del mismo género

Critican a Martha Chávez por homofóbica 2015-03-13 15:14:26

Parlamentarios de diversas bancadas rechazaron ayer las declaraciones homofóbicas de la fujimorista Martha Chávez, quien le pidió a Carlos Bruce que diga si es homosexual como una forma de desacreditarlo en el debate en torno al proyecto de Ley de Unión Civil, que debatirá pronto en la Comisión de Justicia del Parlamento.

Congreso peruano rechaza proyecto de ley de unión de personas del mismo género 2015-03-13 15:14:26

La Comisión de Justicia del Parlamento rechazó hoy por mayoría el proyecto de ley que plantea la unión civil entre personas del mismo sexo.

Eduardo Ferrero: El Perú debe mostrar unidad frente a espionaje chileno 2015-03-07 11:27:54

El excanciller Eduardo Ferrero destacó hoy que el Gobierno peruano ha asumido una posición firme frente a la respuesta de Chile por el caso de espionaje y remarcó que todo el país debe compartir la política exterior del Perú frente a ese tema.

Latinoamérica según los medios masivos de Estados Unidos 2012-06-27 17:17:00

Originalmente publicado en DEBATE 115, junio - julio 2002.

 

PERSIANA AMERICANA

Latinoamérica según los medios masivos de Estados Unidos

 

Escribe PETER ELMORE

 

El 20 de abril del 2001, una avioneta que seguía una ruta de apariencia furtiva fue derribada en la amazonía peruana por un avión militar al que asesoraban norteamericanos pagados con dinero de la CIA. No había drogas ni narcos en la aeronave, cuya carta de vuelo no era desconocida en Iquitos. El incidente les costó la vida a una misionera evangélica de nacionalidad estadounidense y a su hija de siete meses. El gobierno de Estados Unidos suspendió, por un año, los vuelos de interdicción coordinados con el Perú y con Colombia.

El hecho arriba descrito tiene una peculiaridad: es el acontecimiento originado en el Perú que más amplia y dilatada cobertura ha tenido en la prensa de Estados Unidos desde el inicio del nuevo siglo. La primera vuelta de las elecciones peruanas del año 2000 despertó menos curiosidad que las elecciones municipales bosnias, celebradas el mismo domingo, hasta que en la noche del conteo Toledo se ciñó la vincha roja y encabezó a sus partidarios hasta la puerta del Palacio de Gobierno. La fotografía apareció al día siguiente en la primera plana del New York Times, y dio lugar a que los medios del país incluyeran luego, en sus páginas interiores, despachos sobre el tránsito accidentado a la segunda vuelta. La fraudulenta victoria de Fujimori fue debidamente registrada, pero careció de dramatismo y resultó poco fotogénica. La juramentación de julio del 2000 concitó la atención que, antes de la caída del muro, se le concedía a los resultados de un referéndum búlgaro.

Dramático y fotogénico (o tragicómico y televisivo, que para el caso da lo mismo) fue el inesperado colapso del régimen fujimorista: el escándalo de los vladivideos, la renuncia del mandatario desde Japón y la cacería internacional de Vladimiro Montesinos sí lograron interesar a los diarios, las revistas y las cadenas de televisión. No tanto, sin embargo, como esa avioneta que meses más tarde –durante un gobierno de transición, el de Paniagua, sobre el cual poco se habló– caería perforada por la puntería fatal de un aviador peruano que, según la versión repetida con fidelidad por periódicos y noticieros de televisión, se negó a oír los consejos cautelosos del norteamericano encargado de asesorarlo.

La visita relámpago de George Bush en febrero de este año no sirvió, en líneas generales, para incrementar de un modo considerable la información sobre el Perú. Al fin y al cabo el atentado terrorista en El Polo, perturbadoramente cerca de la embajada de Estados Unidos, mató a 10 peruanos. No fueron las historias de las víctimas las que atrajeron el fugaz interés de los corresponsales estadounidenses, sino la posibilidad de que los tentáculos de Al Qaeda hubieran llegado al Perú. La hipótesis fue rápidamente desechada, en particular después de que el Departamento de Estado señalara, a la vez enfático y lacónico, su convicción de que tras la bomba se hallaban elementos de Sendero Luminoso.

Después del 11 de setiembre del 2001, el terrorismo que se reclama islámico ha llegado al punto de monopolizar el miedo de la opinión pública estadounidense. Comprensiblemente, a los ciudadanos del Perú los inquieta el fantasma de un retorno de Sendero, pero los partidarios de Abimael Guzmán no conjuran en Estados Unidos las mismas pesadillas que los sectarios de bin Laden. En cierto sentido, entonces, la conjetura gubernamental sobre la autoría del atentado de El Polo resultó tranquilizadora. Bush siguió su periplo a San Salvador (donde, como en Lima, aprovechó para reunirse con varios gobernantes) y el eco de la explosión se apagó.

DE MEDIOS Y MEDIACIONES

Paradójicamente, los canales noticiosos por cable –MSNBC, CNN y FOX, el cual en Estados Unidos congrega a ciertas horas decisivas más público que CNN– tienen el efecto de angostar el espectro de la información, sobre todo a partir de los atentados del 11 de setiembre. Una sola historia –la de la invasión afgana, la del conflicto en Tierra Santa– es objeto de una cobertura excluyente y circular. El juicio a O. J. Simpson o el caso de Monica Lewinski, se alegará, acapararon también en sus respectivos momentos los espacios de la información. En enero de 1991, durante la Guerra del Golfo, CNN transformó la brecha temporal que existe entre los sucesos y su transmisión, produciendo un efecto de simultaneidad que tornó borrosos los linderos entre los eventos y sus representaciones. En su momento, se observó que la guerra adquiría en la conciencia de los televidentes un carácter estrictamente mediático, como si la realidad física se hubiera convertido en el soporte de una realidad enrarecida y virtual. En contraste, las imágenes de los atentados del 11 de setiembre –monumentalmente catastróficas– están envueltas por el aura de lo hiperreal; ellas, repetidas una y otra vez, parecen condensar en una apoteosis perversa e instantánea las pulsiones que la cultura de masas había formalizado a través de las superproducciones del cine de acción.

Lo anterior, creo, explica en parte la forma entre errática y tangencial en que han sido registrados los dos fenómenos latinoamericanos más importantes de los últimos meses –la crisis argentina que en diciembre tumbó al gobierno de De la Rúa, el golpe y contragolpe venezolanos de abril–. A partir del 11 de setiembre las cadenas noticiosas adoptaron sistemáticamente la costumbre de colocar, en la franja inferior de la pantalla, los titulares de las noticias que no llegarían a convertirse en historias. Las pobladas y los saqueos en Argentina aparecieron, es cierto, en brevísimas notas ilustradas con material grabado, pero fueron presentadas sin ser contextualizadas. De modo análogo, la zozobra venezolana se congeló en aquella toma del pistolero chavista que, sobre un puente, dispara contra una multitud de opositores. Estas referencias visuales no se incorporan a un relato que teja causas y efectos, tropos y motivos, argumentos y caracterizaciones.

No es ninguna novedad señalar que la noticia periodística y la ficción novelesca están emparentadas. De hecho, en la noción de lo nuevo se arraigan tanto el signo news como la palabra novel. Por lo demás, todavía en el ilustrado siglo XVIII, cuando ya la imprenta se había impuesto largamente como la tecnología informativa por excelencia, a buen número de lectores les parecía imprecisa la frontera entre los relatos sobre hechos verdaderos y las obras de la imaginación. Pero lo que se advierte ahora, en el territorio posmoderno de la información digital y el video omnipresente, es la tendencia a concebir las noticias como fragmentos de narraciones espectaculares. En esa medida, es indispensable que los protagonistas de esas noticias resulten reconocibles para el gran público, sea como personalidades (famosas o infames) o como encarnaciones de tipos humanos. Fidel Castro es, a estas alturas, uno de los pocos latinoamericanos cuyo nombre y figura son de dominio colectivo en Estados Unidos; los demás estadistas de la región forman, en general, la masa más o menos anónima que saluda a las cámaras en las fotografías colectivas de las cumbres hemisféricas. Por cierto, un compatriota de Castro, el niño Elián González, es un buen ejemplo del segundo grupo de actores de ciclos noticiosos: las vicisitudes de un huerfanito carismático por el cual pelean parientes convertidos en antagonistas caben bien dentro de la lógica reductora y dinámica del melodrama.

La distraída parquedad con la que los canales anglófonos trataron la crisis argentina –a diferencia del New York Times y el Wall Street Journal, debo decir– se entiende no sólo porque en diciembre todos los caminos de la vía satélite llevaban a Afganistán. En primer lugar, la protesta popular no se dio contra un dictador, sino contra un presidente electo, pero de silueta difusa y nombre casi unánimemente ignorado; en segundo lugar, no se trataba del fracaso ejemplar de un modelo hostil a la ortodoxia del libre mercado, sino más bien de lo contrario; en tercer lugar, la situación era tan fluidamente caótica que no había cómo narrarla de una manera articulada y sucinta. Después de decir que el impagable servicio de la deuda externa argentina alcanzaba un monto seis veces superior al de las exportaciones del país, ¿qué podía agregarse? De todas maneras, resulta aleccionador y sorprendente que el colapso argentino haya recibido un tratamiento tan displicente, como si el descalabro de la segunda economía sudamericana ameritase apenas una mención al paso.

Por otro lado, la secuencia vertiginosa del golpe antichavista y el retorno del presidente venezolano al poder parecía, en principio, prestarse más a la sintaxis entrecortada y contrapuntística del lenguaje televisivo, pero la CNN estadounidense difundió los sucesos del pasado abril en Caracas, sobre todo a través de titulares esporádicos en la franja inferior de la pantalla. Material de primera mano no le faltaba a la cadena de AOL-Time-Warner, pues CNN en español sí se ocupó, tengo entendido, de los vuelcos y vaivenes de la crisis que le costó la presidencia por un fin de semana a Chávez. En la estela del golpe y el contragolpe, el New York Times hizo públicos los contactos entre los adversarios del presidente venezolano y Otto Reich, el cubano-americano que dirige –por orden ejecutiva y sin confirmación del senado– la diplomacia hemisférica de Estados Unidos. También fue materia de comentario, aunque no de escándalo, que la administración Bush diese por consumado el golpe y culpase de su infortunio al propio Chávez –al fin y al cabo un presidente democráticamente electo– en tiempo récord. No deja de parecer curioso que una situación límite en el tercer país exportador de petróleo a Estados Unidos haya suscitado un interés tan tenue, más aún cuando Chávez parece, con su retórica y su imagen, clamar por su inclusión en el reparto de los adversarios telegénicos de Estados Unidos. Acaso lo consiga más adelante, pero en esta oportunidad –que pudo ser la última para él– el mandatario venezolano recibió el tratamiento que normalmente se dispensa a un actor secundario. Lo deplorable es que también la realidad de Venezuela haya sido vista sin mayor cuidado.

Concluyo apuntando una paradoja de estos tiempos. Mientras más visible y ubicua es la presencia de los latinos en Estados Unidos, menos destacadas son las imágenes de América Latina en los noticieros televisivos. El castellano es, de facto, la segunda lengua del país y en las universidades los departamentos de español son los más grandes entre los dedicados a las lenguas y literaturas extranjeras, pero este fenómeno tiene que ver más con la absorción de la cultura hispanoparlante que con la apertura a lo que sucede más allá de la frontera. En los ochenta, cuando Nicaragua y El Salvador estaban todos los días y las noches en las noticias, era evidente que la situación de América Central resultaba relevante porque era el escenario más dramático de la política exterior reaganista. Hoy, cuando el escenario se halla en el Medio Oriente y la trama es la de la Guerra contra el Terrorismo, es poco probable que en el corto plazo las nuevas de América Latina ocupen el centro de las pantallas.



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