"Las hembras de Lima se abrazan con los chilenos y engendran unos cuatro o cinco mil bastardos".- "Hay algo peor que los ricos: los hambrientos de riquezas, los políticos mercantiles".- "Al ver que en poco tiempo algunos improvisaron riquezas fabul 2015-11-11 22:22:00
Manuel González-Prada en 1915Mercaderes políticosManuel González-Prada
Este artículo ha sido encontrado entre los papeles del autor en la forma de un recorte impreso, en prueba de galera; pero abrigamos la certeza de que no llegó a publicarse. Lleva al pie la indicación "Lima, julio de 1915". Clausuradas La Lucha (junio de 1914) y La Protesta (octubre de 1914) por el gobierno del coronel Benavides (véase el libro de González-Prada, Bajo el oprobio) sólo La Prensa de Lima logró escapar al amordazamiento de los periódicos libres del Perú durante ese régimen militar y mantener una campaña de moderada oposición. Los caracteres tipográficos en que está compuesto el recorte de "Mercaderes políticos" nos parecen corresponder a los linotipos de La Prensa de 1915.
Alfredo González-Prada
I
La proclamación de la Independencia en 1821, cuando los realistas subyugaban la mayor parte del territorio, no pasa de una música inefable, por no decir un bluff continental. Nuestra emancipación no se debe a las frases de San Martín en Lima sino a las lanzas de Bolívar en Junín y a los fusiles de Sucre en Ayacucho. Después de 1821, los ejércitos reales dominaron dos veces en la capital. Sin embargo, esa proclamación romántica significa para nosotros un acontecimiento magno, como el ataque a la Bastilla para los franceses, como el 2 de mayo para los españoles.
Al conmemorar el 28 de julio, ocurre naturalmente la idea de ver lo realizado por nosotros durante los años de existencia libre. Se puede sintetizar en pocas líneas: hemos seguido una marcha diametralmente opuesta a la recorrida por la Naturaleza en la producción de los seres: la vida comenzó por los animales inferiores y vino a culminar en el hombre; nuestra evolución política empezó con los San Martín, los Bolívar, los Sucre, y vino a parar en un Benavides.
II
Como los usurpadores temen que los usurpados les obliguen a rendir cuentas, los gobiernos se afanan por mantener inermes a las naciones. Aceptan la militarización al estilo de Prusia, rechazan la miliciación a la manera de Suiza. La idea de muchedumbres armadas les aterra. Hombres con el rifle del soldado, pero sin haber sufrido la depresión moral de los cuarteles, constituyen una fuerza amenazadora: tienen algo de una tormenta con voluntad o de una avalancha con inteligencia. Los invasores mismos, aunque hayan desbaratado ejércitos poderosos en sangrientas batallas campales, suelen vacilar ante la resistencia de la población civil. De ahí las leyes bárbaras contra los francotiradores y la destrucción de las ciudades hostiles.
La liberación de un territorio por medio de la guerra puede originar la tiranía: el libertador, elevándose a la categoría de ídolo nacional, sufre el mareo de la ambición y sueña más de una vez en arroparse con el manto de César. Para las clases privilegiadas, el advenimiento del cesarismo no implica una amenaza; por el contrario, ellas miran en la implantación del régimen militar un freno a los amagos de reivindicaciones populares y una seguridad en el usufructo de los privilegios.
Pero esa misma liberación del territorio suele ocasionar el encumbramiento de las muchedumbres, quiere decir, una victoria de la democracia. Cuando un pueblo comienza por arrollar al extranjero, adquiere conciencia de su poder y fácilmente concluye por hacer justicia de sus opresores. Quien posee la fuerza realiza el derecho, "quien tiene hierro tiene pan" (1).
Los ricos ven muchas veces menos daño en la victoria rápida del invasor que en el triunfo lento y gravoso de la causa nacional. Una batalla cuesta vidas; una resistencia de meses y años cuesta no sólo vidas, sino destrucción de las propiedades, pérdida del crédito. A la salvación de la patria, los burgueses acaudalados y los aristócratas prefieren la conservación de sus casas, de sus haciendas y de sus privilegios. Más le duele al rico perder su dinero que al pobre derramar su sangre.
La posesión de la riqueza origina el mismo estado psicológico en los poseedores, sea cual fuere su nacionalidad, resultando más analogía entre un mandarín y un landowner [hacendado] que entre el mismo landowner [hacendado] y un proletario inglés. Los ricos del mundo entero pertenecen a una sola patria: El Dorado; siguen una sola bandera: el negocio; y cuando blasonan de combatir por el bien de la Humanidad o por el triunfo de una idea, sólo defienden el tanto por ciento. Imaginarse que ellos fomenten las revoluciones radicales y patrocinen de buena fe la emancipación de los obreros es acariciar un sueño romántico y respirar el aire de otro planeta. Clases explotadoras favoreciendo a clases explotadas se igualarían con un absurdo biológico, estómagos digiriéndose a sí mismos.
Mas hay algo peor que los ricos: los hambrientos de riquezas, los políticos mercantiles o mercaderes políticos. Cuando esos hombres se adueñan del poder, hunden a las naciones: en la paz, con las finanzas; en las luchas internacionales, con los tratados. El Perú (la Cartago sin Aníbal) nos ofrece un ejemplo.
III
Nuestros mercaderes políticos dilapidaron los bienes nacionales y convirtieron al Montecristo de Sudamérica en el mendigo de las bolsas europeas. Durante muchos años toda la ciencia infusa de los hacendistas criollos se redujo a saldar el déficit con préstamos concedidos por los consignatarios, préstamos que eran el mismo dinero fiscal dado con interés subido. Nuestra historia financiera (si por finanzas se entiende el pedir dinero para malversarle y no pagarle) se halla escrita en los libros de corredores y banqueros, más o menos judíos: ahí, en el haber, consta el precio de las conciencias nacionales. Nada o muy poco se benefició el país con el guano y el salitre. Según Billinghurst, la explotación de las guaneras desde 1841 hasta 1879, produjo cerca de ochocientos millones de soles; y de esa suma, solamente diez y ocho a veinte millones fueron invertidos en obras públicas. La riqueza nos sirvió de elemento corruptor, no de progreso material. La venta del guano, la celebración de los empréstitos, la construcción de ferrocarriles, la emisión de los billetes y la expropiación de las salitreras dan margen a los más escandalosos gatuperios. Los contratos con Dreyfus, Meiggs y Grace equivalieron a la celebración de grandes ferias donde figuraron como artículos de venta y cambalache, los diarios, los presidentes de la República, los Tribunales de Justicia, las Cámaras, los ministros de Estado, los cónsules y demás funcionarios públicos. Al ver que en pocos meses y hasta en pocos días algunos improvisaron riquezas fabulosas, cunde en todas las clases sociales el morboso deseo de enriquecerse: crece una verdadera neurosis metálica. Ningún medio de adquirir parece ilícito. Las gentes se habrían arrojado a un albañal, si en el fondo hubieran divisado un sol de oro. Los maridos venden a sus mujeres, los padres, a sus hijas, los hermanos a sus hermanas, etc. Meiggs tiene un serrallo en las clases dirigentes de Lima. No le faltan ni los eunucos.
Cegadas hoy las principales fuentes de la riqueza nacional y cerrado el ciclo de las vastas operaciones financieras, solamente quedan los negocios de menor cuantía, los mercados de poca monta, las sisas de cocinera, algo así como las sobras del festín, los desmenuzos del pastel, las raspaduras de la olla. A la dentellada de los grandes paquidermos sucede el mordisco de los pequeños roedores.
Algunos europeos se figuran que los latinoamericanos vivimos en una serie interminable de luchas heroicas por la libertad y el derecho. Otros se imaginan que sufrimos continuamente la opresión de bárbaros tan bárbaros como los emperadores de la decadencia romana. Salvo una que otra fiera guarecida en el Palacio de Gobierno, el Perú no ha contado sino mercaderes con espada o frac. Asaltar la presidencia pareció a los Benavides y congéneres medio más seguro de obtener dinero que terciarse un rifle y salir a los caminos. Verdad, tenemos un Chinchao, un Tebes, dos Santa Catalina, un Guayabo, un Pazul, un Napo, etc.; pero en nuestras contiendas civiles, más que brazos repartiendo la muerte, fuimos dedos arañándonos en el fondo de un saco.
IV
Si gracias a los políticos mercantiles nuestra vida normal se resume en el despilfarro y la bancarrota ¿se condensa en algo mejor durante las conflagraciones internacionales? Olvidemos Ingavi y el Portete, recordemos vergüenzas más cercanas.
En la guerra con Chile no imitamos a los holandeses de 1673 ni a los rusos de 1812: estábamos lejos de los hombres que anegaban territorios para cerrar el paso a los ejércitos de Luis XIV, de los que talaban campos y quemaban ciudades para matar de hambre y frío a las huestes de Napoleón. Los militares, los eternos succionadores de los jugos nacionales, los obligados a defender el país, ofrecen el mal ejemplo. ¿Qué hacen algunos de los jefes enviados al Sur para organizar la victoria? Hurtan los fondos destinados a la tropa, juegan, beben y agotan en brazos de mujerzuelas el vigor que deberían gastar en los campos de batalla. La responsabilidad inmensa no les modifica: permanecen los mismos, los que antes de la guerra vivían enriqueciéndose con plazas supuestas en los batallones, aprendiendo Táctica y Estrategia en las antesalas de los presidentes, ganando ascensos merced a la protección de faldas libidinosas, haciendo grotescas sediciones pretorianas y no sabiendo ni sostener a los amos, pues se dejaban derrotar por desordenados pelotones de montoneros. Así desaparecieron, con todos sus generales y todos sus coroneles, los "formidables ejércitos" de Echenique, Pezet, Prado y Cáceres.
Chile encuentra allanado el camino a la victoria y la conquista. El ejército peruano (si ejército se llama la aglomeración de indios semiconscientes arreados por jefes moralmente inferiores a ellos) no resiste el empuje de los batallones chilenos. Tampoco resiste la reserva o milicia compuesta de unidades intelectualmente superiores a los individuos de tropa. La ruina se consuma: todo se desploma en la sangre y el fango, a pesar de los heroísmos individuales y colectivos, porque si existen un Grau y un Bolognesi, no faltan indiadas que al rifle chileno oponen la honda y el rejón.
Que el país, sin buenos soldados ni guardias nacionales bien organizadas, estuviese a merced del enemigo tradicional, les importaba muy poco a nuestros mercaderes políticos. Sabían que, hundido el Perú, ellos salvarían del naufragio y saldrían a flote, con el talego en la mano. Si no ¿cuál de ellos muere en el campo de batalla? Los ajenos al peculado, los limpios de toda mancha, los puros, los inocentes en fin, ésos sirven de víctimas expiatorias, ésos escuchan la voz de llamada y caen bajo las balas chilenas. Cuando los políticos mercantiles no huyeron a tierras lejanas, llevándose el cofre de Harpagón, se quedaron para infundir el desaliento, desertarse de los reductos, sostener la conveniencia de la paz a todo trance, conglomerarse alrededor de Iglesias, defender el pacto de Montán y concluir el tratado de Ancón. Se quedaron también para vivir en relaciones íntimas con los incendiarios de Chorrillos y repasadores de los reservistas heridos en Miraflores.
¿Hay algo tan oprobioso y nauseabundo como la actitud de Lima durante la ocupación chilena? Aquí no sopla una sola ráfaga del orgullo paraguayo; y se concibe: los envilecidos con la lluvia de oro no podían ennoblecerse con la derrota y la opresión. Se patentiza la acción deprimente de los mercaderes políticos. Hombres –y no del pueblo– estrechan la mano de los invasores, les sirven de satélites, empleados sumisos, espías, alguaciles, delatores, consejeros en la imposición de los cupos. Jóvenes decentesles pilotean en las casas de prostitución, cuando no les ofrecen en la familia propia lo que se vende en los prostíbulos. Mujeres de todo linaje les prodigan entrañables y fecundas manifestaciones de cariño. Mientras el Perú sufre una crucifixión y sangra de Norte a Sur, las hembras de la capital se abrazan con los chilenos y engendran unos cuatro o cinco mil bastardos. Siguiendo el instinto del sexo, prefieren el vencedor al vencido, el valiente al cobarde. Merecen disculpa.
En esto se resume la obra de nuestros mercaderes políticos.
Notas
(1) Blanqui
Fuente
González-Prada, Manuel. 1986. Propaganda y ataque, en Obras, Tomo II, Volumen 4, Lima: Ediciones Copé, páginas 169-175.
La región Tacna realizará su primer Foro de Inversiones 2015-10-22 13:00:55
Primer Foro de Inversiones de Tacna contará con presencia de ministros de Estado y representantes del sector empresarialPara entender la puñalada chilena de 1879.- El mapa del desierto de Atacama con la ubicación de sus principales riquezas de salitre publicado por la revista geográfica más importante de Inglaterra dos años antes de la declaratoria chilena de guerra. 2015-10-18 10:21:00
Escribe: César Vásquez Bazán
Mapa de las riquezas de salitre del desierto de Atacama (Bolivia) publicado en 1877 por el ingeniero inglés Josiah Harding en la revista londinense Journal of the Royal Geographical SocietyHaga clic sobre la imagen para ampliarla."La Confederación [Perú-Boliviana] debe desaparecer para siempre jamás del escenario de América. Por su extensión geográfica; por su mayor población blanca; por las riquezas conjuntas del Perú y Bolivia, apenas explotadas ahora; por el dominio que la nueva organización traería de ejercer en el Pacifico, arrebatándonoslo; por el mayor número también de la gente ilustrada de la raza blanca, muy vinculada a las familias de influjo de España que se encuentran en Lima; por la mayor inteligencia de sus hombres públicos, si bien de menos carácter que los chilenos; por todas estas razones la Confederación [Perú-Boliviana] ahogaría a Chile antes de muy poco".
Diego Portales, Carta a Manuel Blanco Encalada, 10 de septiembre de 1836 (Portales 1936-38, 3: 452-454).
Existen diversas pruebas que el imperialismo inglés –el poder hegemónico mundial en el siglo XIX– fomentó, apoyó y colaboró con la oligarquía chilena en el proyecto de apoderarse del litoral boliviano y de la provincia peruana de Tarapacá con la finalidad de usufructuar las inmensas riquezas de salitre, plata, guano y otros recursos naturales existentes en esos territorios. La coalición implícita en materias económicas y políticas entre el capitalismo inglés y la oligarquía chilena debe conocerse y analizarse si desea entenderse el porqué de la Guerra del Salitre y el reparto posterior del botín peruano y boliviano entre los explotadores ingleses y chilenos.
La acción concertada entre el imperialismo inglés y el subimperialismo chileno contó con una sólida base científica, proveniente de la exploración geográfica y preparación de cartografía de los territorios a robar a Bolivia y el Perú. El imperialismo inglés y la oligarquía chilena sabían con alto grado de certeza que tras la impresión desértica inicial del área a asaltar, el litoral boliviano y Tarapacá contenían inmensas riquezas que llenarían los bolsillos de las empresas y miembros individuales de la alianza chileno-británica, acelerando de paso el crecimiento económico de ambos capitalismos.
El ingeniero Harding reconoció que el territorio en el que él trabajaba "era principalmente la parte sur de la provincia costera de Bolivia", es decir el territorio boliviano situado al norte del paralelo 24. (Harding 1877, 250)El artículo The Desert of Atacama (Bolivia) de Josiah Harding
Una de las evidencias del conocimiento de la riqueza salitrera del desierto de Atacama la constituye el artículo del ingeniero inglés Josiah Harding titulado "The Desert of Atacama (Bolivia)", publicado por la revista Journal of the Royal Geographical Society en la ciudad de Londres el año 1877. Harding era un funcionario de la chileno-inglesa Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta (Antofagasta Saltpetre and Railway Company), establecida en 1860 con capitales de la inglesa Casa Gibbs y del anglo-chileno Agustín Edwards Ross. Específicamente, el británico Harding era el ingeniero encargado de la construcción del ferrocarril entre Antofagasta, el depósito salitrero de Las Salinas y los yacimientos de plata de Caracoles.
La Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta explotaba el salitre del litoral de Atacama gracias a una concesión otorgada por el dictador boliviano Mariano Melgarejo, "que no tenía la menor noción de la riqueza minera y salitrera de esa vasta zona" (Bermúdez 1963, 199). El 5 de septiembre de 1868, Melgarejo, un verdadero monigote de la oligarquía chilena, otorgó una amplia concesión para la explotación del salitre del litoral boliviano a la Sociedad Exploradora del Desierto de Atacama, empresa antecesora de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta (1).
El aporte fundamental del artículo de Harding es el de presentar un mapa del desierto de Atacama entre el paralelo 22 y el paralelo 24° 20' en el que se detalla con precisión la ubicación de diez de los principales yacimientos salitreros del área, siete en territorio boliviano (al norte del paralelo 24) y tres en territorio arrancado a Bolivia por el Tratado del 10 de agosto de 1866 (es decir, en el área al sur del paralelo 24). Todos estos depósitos aparecen coloreados en marrón. Debe anotarse que la carta geográfica señala como límite entre Chile y Bolivia el paralelo 24, frontera que refleja el ya indicado obsequio de territorio boliviano en más de un paralelo de latitud, hecho a Chile en 1866 por el tirano Melgarejo (2).
El artículo y mapa de Harding difundidos por el Journal of the Royal Geographical Society constituyeron para el imperialismo inglés y para la oligarquía chilena una confirmación irrefutable de la presencia de incalculables riquezas salitreras en el territorio de Atacama bajo soberanía boliviana. Por ejemplo, refiriéndose al yacimiento de Las Salinas, el ingeniero Harding indicó que el caliche "es de excelente calidad, por contener de 30 a 80% de nitrato, llegando en algunos lugares a mostrar un espesor de doce pies [3.66 metros]" (Harding 1877, 253).
El ingeniero británico Josiah Harding describió en su artículo publicado en el Journal of the Royal Geographical Society la riqueza del caliche existente en el territorio boliviano al norte del paralelo 24.(Harding 1877, 253)La ambición chilena por invadir Bolivia desde el paralelo 24 hasta el paralelo 21 (El salitre ubicado en la parte boliviana del desierto de Atacama era de calidad superior al existente en la parte chilena.)
Los datos proporcionados por el ingeniero Harding sobre la calidad del salitre existente en la parte boliviana del desierto de Atacama fueron recibidos en Chile al mismo tiempo que el informe de un conjunto de científicos contratados por el gobierno de ese país para evaluar los yacimientos ubicados en la parte chilena del desierto. Este grupo estuvo dirigido por el profesor francés Aimé Pissis.
El informe de Pissis trajo para la clase dirigente chilena una buena y una mala noticia. La buena nueva fue la confirmación que "el desierto de Atacama presenta un gran campo para el desarrollo de la industria minera" (Gobierno de la República de Chile 1877, 27).
La mala nueva fue que la parte del desierto de Atacama hasta el paralelo 24 que la oligarquía chilena controlaba gracias al obsequio del alcohólico dictador boliviano Melgarejo sólo albergaba yacimientos de nitrato de baja calidad, si se les comparaba con los existentes en el territorio aún bajo soberanía boliviana y con los de Tarapacá (3). Mientras el artículo de Harding reconocía la excelente calidad de los depósitos salitreros bolivianos, que contenían de 30 a 80% de nitrato, llegando en algunos lugares a mostrar un espesor de más de tres metros y medio, en el sector chileno el contenido promedio de nitrato sólo llegaba a 20% y el espesor, en muy limitados casos, registraba dos metros y medio (Gobierno de la República de Chile 1877, 18).
La riqueza superior del salitre ubicado en territorio boliviano confirmó para la oligarquía chilena la necesidad de invadir totalmente el litoral de Bolivia, hasta el paralelo de los 21° 40', zarpazo sureño que representaría el inicio de la Guerra del Salitre.
Mapa del territorio salitrero en el Pacífico sur, incluyendo la provincia peruana de Tarapacá, el litoral boliviano y la frontera norte de Chile (Pons Muzzo 1962, 177)Difusión en Chile e Inglaterra del conocimiento de la riqueza superior del salitre boliviano
¿Cómo llegó la confirmación de la riqueza del Atacama boliviano a los oídos de los capitalistas ingleses y chilenos? En cuanto al imperialismo inglés, ya se ha mencionado que la poderosa Casa Gibbs inglesa era accionista de la Antofagasta Saltpetre and Railway Company, la empresa británico-chilenapara la que trabajaba el ingeniero Harding y que operaba en la sección boliviana del desierto de Atacama. Asimismo, debe recordarse que el Journal of the Royal Geographical Society reunía entre sus lectores a los más ambiciosos empresarios británicos, siempre listos a intentar nuevas aventuras expansionistas.
En el caso de los capitalistas y políticos chilenos, la ratificación científica de la existencia del tesoro del Atacama boliviano fue conocida, de primera mano, por ministros de Estado, congresistas, militares y empresarios sureños, todos ellos accionistas de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta.
Aquellos que no participaron en la propiedad del capital de dicha empresa, obtuvieron la ratificación científica de la magnitud de la riqueza de Atacama boliviano leyendo el Journal en la Biblioteca de la Universidad de Chile, que era una de las tres instituciones latinoamericanas que lo recibían en 1877. Ninguna institución peruana o boliviana estaba suscrita al Journal, a pesar que el organismo que editaba la revista –la Royal Geographical Society– contaba entre sus miembros honorarios correspondientes al presidente Manuel Pardo, a don Antonio Raimondi y al político e historiador Mariano Felipe Paz Soldán (Royal Geographical Society 1877, xvi).
La validación geográfica de la presencia de fabulosas cantidades de salitre en el desierto de Atacama fue la razón principal que explica la puñalada chilena de 1879 y el posterior genocidio y desmembramiento territorial de Perú y Bolivia. Proponiéndoselo o no, el conocimiento geográfico del valor económico de Atacama contribuyó a desencadenar ese infame y sangriento conflicto de cinco años que la Historia conoce con el nombre de Guerra del Salitre.
Notas
(1) El privilegio concedido a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta
La concesión exclusiva de quince años concedida por Melgarejo era para "la explotación, elaboración y libre exportación del salitre en el Desierto de Atacama... de cualquier punto donde se encuentre en el Departamento de Cobija". Incluía el privilegio de establecer una carretera de treinta leguas de longitud, desde la costa al interior del litoral boliviano, a lo largo de la cual se añadía a la concesión una legua de latitud de territorio. El privilegio otorgado por Melgarejo fue gratuito: los empresarios chilenos sólo pagaron diez mil pesos en la Tesorería del Departamento de Cobija (Bermúdez 1963, 199).
(2) El Tratado de Límites del 10 de agosto de 1866
El 10 de agosto de 1866, la dictadura del analfabeto y alcohólico Mariano Melgarejo firmó en Santiago el Tratado de Límites por el cual obsequió a Chile el territorio boliviano comprendido entre el paralelo 24 y el paralelo de los 25° 20'. En ese mismo documento, el régimen de Melgarejo "aceptó repartirse por mitad con Chile los productos provenientes de la explotación de los depósitos de guano descubiertos en Mejillones y de los demas depósitos del mismo abono que se descubrieren en el territorio comprendido entre los grados 23 y 25 de latitud meridional, como también los derechos de exportación que se perciban sobre los minerales extraídos del mencionado espacio de territorio" (Gobierno de la República de Chile 1898, 4).
Como recuerda el historiador chileno Mario Barros Van Buren (1970, 264), el anterior Tratado "es el único que Chile ha firmado sin hacer una sola corrección ni modificar en una coma el texto". El citado autor atribuye el hecho a que, supuestamente, el convenio fue propuesto por Melgarejo. Sin embargo, en este punto Barros no recuerda que Melgarejo, como ya se ha indicado, era manipulado por el embajador chileno Vergara Albano.
Artículos primero y segundo del Tratado de Límites del 10 de agosto de 1866 por el cual el régimen dictatorial de Melgarejo obsequió a Chile el territorio boliviano comprendido entre el paralelo 24 y el paralelo de los 25° 20'. (Gobierno de la República de Chile 1898, 4)(3) Mariano Melgarejo
El dictador boliviano Mariano Melgarejo gobernó Bolivia entre 1864 y 1871 siguiendo los preceptos del liberalismo económico y defendiendo los intereses de los grandes mineros.
Melgarejo se caracterizó por ser un sargentón mentalmente inestable, analfabeto y alcohólico. Barros van Buren (1970, 263) escribió que "los diplomáticos chilenos no perdonaron medio en llenarlo de altisonantes adjetivos, condecoraciones y regalos". Por ello, Melgarejo fue fácilmente manipulado por el político chileno Aniceto Vergara Albano quien ejerció en Bolivia como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Chile desde el 18 de marzo de 1866.
Vergara Albano, miembro de la clase gobernante chilena, fue uno de los encargados de promover en Bolivia la rectificación de fronteras –propuesta también conocida como cambio de litorales– por la cual Bolivia cedería su rico litoral a Chile "desde el paralelo 25 hasta el Loa, o cuando menos hasta Mejillones inclusive, a cambio del cual Chile apoyaría a Bolivia, del modo más eficaz, para la ocupación armada del litoral peruano hasta el morro de Sama, en compensación del litoral que cedería a Chile; en razón de que la única salida natural que Bolivia tenía al Pacífico era el puerto de Arica" (Maúrtua 1901, 16 y 17).
En agradecimiento por los servicios prestados a Chile, el analfabeto dictador Mariano Melgarejo fue distinguido con el nombramiento de general de división del ejército chileno, al igual que el traidor al Perú Mariano Ignacio Prado. El despacho correspondiente de general chileno le fue entregado por Vergara Albano. También recibió el grado de doctor honoris causa de la Universidad de Chile.
El díscolo gobernante boliviano reciprocó las anteriores distinciones designando como general de división del ejército boliviano al presidente chileno José Joaquín Pérez y nombrando al embajador Vergara como Benemérito de la Causa Americana, Gran Ciudadano y Ministro de Hacienda de Bolivia. Sí señor, así como lo escucha: el chileno Vergara Albano fue designado por Melgarejo como Ministro de Hacienda de Bolivia. Melgarejo no hizo caso del discreto rechazo de Vergara a la designación y llegó a envíarle el despacho del ministerio, para su firma, en el local de la legación chilena (Barros Van Buren 1970, 263). En vista que Vergara no aceptó el cargo ministerial ¡Melgarejo lo nombró como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia en Chile! (Con la anterior información, resulta entendible que el Tratado de Límites de 1866 haya sido "el único que Chile ha firmado sin hacer una sola corrección ni modificar en una coma el texto").
Melgarejo también cayó bajo la influencia del chileno Carlos Walker Martínez, secretario de Vergara Albano, a quien el dictador nombró Sargento Mayor del ejército boliviano y edecán para una posible futura guerra contra el Perú, destinada a alcanzar el dominio de Tacna y Arica.
Las siguientes palabras de Mariano Melgarejo pintan de cuerpo entero al dictador que cedió territorio boliviano a Chile: "La Constitucion de 1861, que era muy buena, me la metí en el bolsillo (señalando el bolsillo izquierdo de su pantalón), y la de 1868, que es la mejor según estos doctores, ya me la he metido en este otro (señalando el bolsillo derecho). Nadie gobierna en Bolivia mas que yo. Y el que manda, manda cartuchera en el cañón".
La oligarquía sureña debería erigir en Santiago monumentos a ambos Marianos, Mariano Melgarejo y Mariano Ignacio Prado, para hacer recordar a las futuras generaciones el rol que ellos cumplieron en el ensanchamiento territorial de Chile y en el desmembramiento territorial de Bolivia y el Perú.
Sargentón boliviano Mariano Melgarejo (1820-1871)Se hacía llamar "Benemérito de la Patria en Grado Heroico y Eminente, Presidente Provisorio de la República, Capitán General de sus Ejércitos, Gran Ciudadano de Bolivia, Conservador del Orden y de la Paz Pública, Gran Cruz de la Imperial Orden del Cruzero de Brasil y General de División de Chile"
Ley de la República de Chile nombrando a Mariano Melgarejo general de división del ejército chileno. La ley está fechada el 17 de agosto de 1866, siete días después del obsequio territorial hecho por Melgarejo a Chile.(Varas 1871, 22-23)
Obras citadas
Barros van Buren. Mario. 1970. Historia Diplomática de Chile 1541 - 1938. Segunda edición (actualizada a 1958). Santiago: Editorial Andrés Bello.
Bermúdez Miral, Óscar. 1963. Historia del salitre. Desde sus orígenes hasta la Guerra del Pacífico. Santiago: Ediciones de la Universidad de Chile.
De la Cruz, Ernesto y Guillermo Feliú Cruz, editores. 1936-38. Epistolario de don Diego Portales: 1821-1837. Santiago de Chile: Dirección General de Prisiones. Tres volúmenes.
Gobierno de la República de Chile. 1877. Nitrate and Guano Deposits in the Desert of Atacama: An Account of the Measures Taken by the Government of Chile to Facilitate the Development Thereof. Londres: Taylor and Francis, Red Lion Court, Fleet Street.
Gobierno de la República de Chile. 1898. Documentos oficiales relativos a los límites entre Chile, Bolivia y la República Argentina en la región de Atacama. Santiago de Chile: Imprenta Mejía.
Harding, Josiah. 1877. "The Desert of Atacama (Bolivia)". En Journal of the Royal Geographical Society, Vol. 47, pp. 250-253.
Maúrtua, Víctor M. 1901. La Cuestión del Pacífico. Lima: Librería e Imprenta Escolar de E. Moreno.
Pons Muzzo, Gustavo. 1962. Las fronteras del Perú: Estudio histórico. Lima: Talleres Gráficos Iberia, S. A.
Royal Geographical Society. 1877. Journal of the Royal Geographical Society. Vol. 47. Londres: John Murray, Albemarle Street.
Varas, José Antonio, (ed.). 1871. Recopilación de leyes, órdenes y decretos supremos concernientes al ejército, desde enero de 1866 a diciembre de 1870. Santiago de Chile: Imprenta Nacional, tomo IV.
© César Vásquez Bazán, 2013Abril 27, 2013
Ollanta Humala declara fin de estado de emergencia en Cotabambas 2015-10-08 11:31:46
Ollanta Humala celebró el acuerdo entre los ministros de Estado y los representantes de Cotabambas para que levanten la medida de fuerza contra el proyecto Las Bambas.
"Celebramos el levantamiento del paro, celebramos que la normalidad se restablezca", declaró.
"La democracia se nutre y se fortalece cuando en base al diálogo se llegan a nuevos acuerdos. Nosotros estamos interesados en el desarrollo de Challhuahuacho y toda Cotabambas", afirmó Humala.
Igualmente, el mandatario anunció que con este acuerdo, que incluye no más invasiones a la minera, se levantará el estado de emergencia. "Si las condiciones son de normalidad ya no tiene sentido el estado de emergencia", aseveró.
Fuente: Generacion
Humala sobre el caso López Meneses: ´No guardamos ninguna información´ 2014-09-28 07:29:00
´Toda la información que se nos ha pedido se la hemos trasmitido (a la Comisión López Meneses) a través de nuestros ministros de Estado, como tiene que ser´, manifestó Ollanta Humala. Fuente
La Comisión de Justicia y El traslado de l líder etnocacerista hacia
Aspectos del problema social en el Per
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