sábado, 18 de mayo de 2013

HUGO CHÁVEZ: UN POPULISTA DE IZQUIERDA NEOLIBERAL y El rol del tasador inmobiliario

Información: HUGO CHÁVEZ: UN POPULISTA DE IZQUIERDA NEOLIBERAL - 12/03/2013 8:45:22

"Extracto del articulo) Recapitulando Hugo Chávez no fue socialista y su ideología del socialismo del siglo XXI fue más neoliberal que los gobiernos más conservadores, los recursos obtenidos por la venta de petróleo le proporcionaron gran autonomía ante los intereses norteamericanos, pero fue defensor de la propiedad privada a pesar de las expropiaciones por eso se puede decir que Chávez fue junto con el chavismo un neoliberal populista de izquierda aunque esta definición política era incongruente. Con su muerte se abren varias interrogantes tanto en el ámbito nacional de Venezuela como en el plano internacional pero lo cierto es que se abre un nuevo ciclo con tendencias a la inestabilidad política de Venezuela.
En el plano interno Hugo Chávez llevo a cabo su teoría del socialismo del siglo XXI que consistió fundamentalmente en otorgar concesiones económicas a una población basta señalar que durante los periodos de gobierno de su mandato impulso el cooperativismo a través de la creación de más de 300 mil cooperativas que recibieron cuantiosos recursos provenientes de las exportaciones petroleras.
En pocas palabras Hugo Chávez fue un líder autoritario pero con mucho dinero para legitimar su gobierno ante el pueblo venezolano, la población mejore considerablemente su nivel de vida aunque la pobreza bajo relativamente, los subsidios otorgados a la población fueron un amortiguador importante para legitimar su gobierno.
Muy contrariamente a lo que opinan la mayoría de la vanguardia de izquierda en Latinoamérica, Chávez fue más neoliberal que los gobiernos más conservadores a pesar de llevar a cabo expropiaciones las cuales fueron puntualmente indemnizadas a los grandes capitales tanto nacionales como extranjeros lo que significa que siempre respeto a su manera al capitalismo, no tocándolo ni con el pétalo de una rosa.
Su revolución boliviana y su socialismo del siglo XXI respetaron la propiedad privada en la economía venezolana, es decir que los grandes capitales nunca fueron expropiados solo aquellos que se oponían a sus medidas de corte populista.
Pero el gran negocio durante su mandato fue su relación comercial con los Estados Unidos convirtiendo a Venezuela como el primer abastecedor de petróleo en ese país, prueba de su dependencia del mercado norteamericano en materia petrolera fue que en los últimos tres años Venezuela vivió las repercusiones de la recesión norteamericana.
Para el año 2010 la economía venezolana enfrento una enorme recesión cuando el PIB se decreció en un promedio del 4 por ciento para después recuperarse en el mismo porcentaje, pero hoy tiene una tasa de inflación cercana al 20 por ciento y una tasa de desempleo que es más del 8 por ciento, recientemente su moneda fue devaluada en un 40 por ciento lo que abre la posibilidad de una enorme crisis económica.
Además el gobierno de Hugo Chávez reprimió al movimiento sindical, particularmente a importantes dirigentes petroleros a los cuales los encarcelo y dos de ellos fueron asesinados por la burocracia ,mejor conocidos como charros en México-, así su política de controlar todo intento opositor lo llevo a capturar o a intervenir los más importantes medios de comunicación de Venezuela.
Son varias las interrogantes sobre el futuro político de Venezuela pero lo que si queda claro es quela burocracia del gobierno chavista a través del Partido Socialista Unificado de Venezuela en las próximas semanas tendrá que enfrentar a la oposición independientemente que hoy exista una pugna entre los chavistas por la sucesión.
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Interesante, El rol del tasador inmobiliario - 26/02/2013 0:14:16

"La próxima vez que uno de sus amigos planee vender o comprar un inmueble, haga usted la prueba y pregúntele si va a contratar a un tasador profesional. Lo más probable es que le diga que no, ya que pese a que tiene un papel clave en el proceso de compra y venta, mucha gente prescinde de los servicios de estos profesionales y deja al azar el punto más importante en este intercambio comercial: el precio justo y real de la propiedad.
Actualmente, con los cambios constantes en el mercado, ¿cómo estar seguros de que el precio que le hemos puesto a nuestro inmueble es el correcto? Apelamos a muchas fuentes: inmuebles vecinos, consejos de amigos, consulta a agentes inmobiliarios, municipalidades, etc. Además, en el Perú hay muy poca información referente a transacciones inmobiliarias. La falta de información pública sobre precios de venta de inmuebles, hacen la labor más difícil. Sin embargo, si acudiéramos a un tasador profesional, este tema dejaría de ser una preocupación, ya que no se trata de cuánto quieren recibir o cuánto están dispuestos a pagar por su propiedad. Hay otras variables a tomar en cuenta que un tasador conoce.
Inclusive, y si bien su experiencia en el mercado es de mucha ayuda, los agentes inmobiliarios deberían trabajar de la mano con un tasador ya que podría asesorar mejor a sus clientes y establecer el precio razonable y correcto, dándoles seguridad.

¿Por qué un tasador?
Salvo si es que está comprando el inmueble a través de un crédito hipotecario bancario, el tasador no es un elemento imprescindible en el proceso de compra y venta. Sin embargo, Pedro Drinot, gerente general de la tasadora Drinot, le dio a Peru.21 una razón convincente por la que todos deberíamos usar estos servicios. El dijo que, aunque mucha gente establece el precio de su vivienda de acuerdo a lo que la municipalidad fija en el auto valúo, este valor puede ser hasta 50% menos del real.
Y es que la municipalidad no hace más cruces de información ni comparaciones, cosa que un tasador profesional sí. Como comenta Drinot, los tasadores son, en su mayoría, ingenieros o arquitectos que se especializan en diferentes tipos de bienes. Hay aquellos, por ejemplo, que tasan inmuebles que serán expropiados por las municipalidades para crear obras públicas. O los que trabajan con depósitos de hidrocarburos, o en agroindustria, o con materiales de construcción que no están unidos al suelo, o aquellos que trabajan con viviendas. Así, cada tipo de propiedad tiene características diferentes que necesitan metodologías de evaluación distintas. Por lo que el establecer el precio no es sólo cuestión de cruzar simples variables. ¿Acaso el metro cuadrado de un local comercial en el centro de Lima puede costar igual que el de una vivienda en la misma zona?
Además, estos profesionales, no sólo toman cursos o seminarios sobre el tema, sino que trabajan principalmente con la Dirección Nacional de Construcción (Ministerio de Vivienda), con el Registro de Peritos Valuadores (Superintendencia de Banca, Seguros y AFP), con el Registro de Peritos Judiciales (Poder Judicial), y con el Colegio de Ingenieros. Y, por supuesto, muchos tasadores trabajan directamente con bancos, ya que sus evaluaciones son necesarias a la hora de establecer créditos hipotecarios. Si bien el Colegio de Tasadores todavía no funciona como tal, Pedro Drinot afirma que es una meta a la que poco a poco se llegará.
Finalmente, el fomentar la demanda de este tipo de servicios también se incentiva la educación y certificación de los tasadores, y así la transparencia y calidad en el mercado. Debemos buscar, además, la especialización de cada uno de ellos en tipos de propiedades específicas. No está de más decir que para otros protagonistas de la industria como son los bancos, financieras, inmobiliarias, aseguradoras, etc. existe una demanda insatisfecha por información relacionada a tasación de inmuebles. Por lo que se requieren más tasadores profesionales en el mercado.
Así que la próxima vez que necesite información, ya sabe a quiénes recurrir. La información correcta es poder. En el caso de la venta de un inmueble, una tasación ayudaría a evitar especulaciones y hasta fraude. Considérelo una inversión.
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Es Noticia, Mes favorable para las acciones sobre los commodities - 29/01/2013 12:26:46

"La preferencia por activos más riesgosos continúa elevada, impulsada por la expectativa de que la economía global ya vivió sus peores momentos; esto sigue generando un soporte para las materias primas, con un sector energético liderado por el crudo, el que ha tenido un rendimiento particularmente bueno en lo que va de enero, dice Ole S. Hansen, analista senior de materias primas de Saxo Bank.
En este escenario se deben considerar las mejoras en los datos económicos provenientes del centro neurálgico de Europa: Alemania; las medidas adicionales de flexibilización cuantitativa en Japón; la postergación de las negociaciones sobre el tope de la deuda fiscal de los Estados Unidos y un dólar más débil: todos estos factores han jugado su rol, agrega Hansen.
Sin embargo, explica, la mayor parte del entorno positivo se ha visto en otros activos, especialmente en los mercados bursátiles en los que el índice de valores de renta variable MSCI World de las principales compañías ha alcanzado su nivel más alto desde julio de 2008.
El ánimo positivo experimentado en las materias primas, especialmente durante las últimas dos semanas, hasta ahora sólo ha logrado llevar al índice de materias primas S&P GSCI muy cargado por el sector energético a su nivel más alto de los últimos tres meses y a un rendimiento de 2.7% en lo que va de enero en comparación con 5.2% en el mencionado índice MSCI World.
Se han visto aumentos en la mayoría de los sectores de materias primas, constatándose una pequeña debilidad en el sector ganadero, un subcomponente de la agricultura. Los distintos desempeños entre estos dos índices generan diferencias en la exposición a materias primas, en particular dentro de los diferentes sectores.
Las mejores y peores dentro de las materias primas blandas
Las materias primas blandas ocupan el lugar más alto y el más bajo en la tabla de rendimiento de esta semana. La que experimentó el mejor rendimiento fue el algodón, que tuvo el repunte más duradero en dos años ante las expectativas de que algunos agricultores de los Estados Unidos, el principal exportador del mundo, recurra a cultivos más rentables como el maíz y la soya en la próxima temporada, reduciendo de esta forma la oferta disponible.
En el punto más bajo encontramos el café y el cacao, siendo que este último ha caído a su nivel más bajo en seis meses, debido a los informes que indican que Costa de Marfil y Ghana, dos de los principales productores mundiales, están aumentando sus reservas mediante la venta de parte de la cosecha de la próxima temporada en un momento de baja demanda, especialmente de parte de Europa.
Mientras tanto, el café en su variedad arábica, experimentó un revés en su intento por generar un impulso positivo, cayendo 5% en apenas una sesión ante la noticia de que un grupo de países productores de Sudamérica habrían exportado 15% más durante el cuarto trimestre de 2012 con respecto al mismo periodo del año anterior.
Los operadores especulativos aún mantienen posiciones netas cortas y ante la noticia de una epidemia de hongo Roya en Centroamérica, la producción podría ser afectada, dejando los precios expuestos a una cobertura de posición corta.
Pronósticos económicos elevan los precios en el sector energético
El precio de la gasolina RBOB también se mantuvo sólido ante las expectativas de que los niveles actuales de reserva de Estados Unidos podrían tambalear en las próximas semanas, cuando las refinerías ingresen en la temporada de reparación y mantenimiento. Esta última podría durar hasta mayo, momento en el que la producción se acelerará antes de la temporada de manejo de automóviles en el verano.
El precio del crudo para calefacción aumentó al incrementarse la demanda en las regiones del norte de EU como consecuencia de un clima más frío de la habitual, en un momento en que los niveles de reserva en la costa este de EU están 47% por debajo del promedio correspondiente a esta época del año.
Tal como se ha mencionado, el sector de mejor rendimiento al inicio de 2013 ha sido el energético que, al igual que en los últimos dos años, comenzó el año con ganancias importantes. Esta vez, el avance se produjo principalmente gracias a mayores expectativas de crecimiento y demanda de parte de los dos principales consumidores mundiales: EU y China, ya que por el momento las preocupaciones geopolíticas se han visto atenuadas.
El crudo Brent alcanzó su nivel más alto en tres meses, mientras que la prima del crudo WTI aumentó a 17.5 dólares/barril tras haber alcanzado recientemente su nivel más bajo a 15 dólares/barril.
Este aumento fue impulsado por la noticia de que la ampliación reciente del oleoducto Seaway desde Cushing hacia las refinerías del Golfo de México no habían podido transportar los 400,000 barriles diarios de crudo esperados.
Sin embargo, Hansen espera que los problemas técnicos que han reducido el flujo sólo sean temporales y una vez que regresen a la normalidad, la prima del crudo Brent tendrá posibilidades de sufrir nuevamente alguna presión a la baja. La fortaleza general del mercado ayudó al petróleo WTI en su recorrido hacia las mayores ganancias semanales desde 2009, habiendo aumentado más de 12%.
El crudo Brent permanece atorado entre 105 y 115 dólares/barril, y ha estado operando en este rango durante los últimos seis meses. El impulso y las sensaciones de los inversionistas se mantienen positivas, lo que podría llevarlo al límite superior del rango, a pesar de contar con un soporte limitado de los datos económicos fundamentales. Pero mientras el dólar permanezca a la defensiva y los datos económicos continúan mejorando, este movimiento parece ser el camino que presenta menor resistencia, agrega Hansen.
El oro cede y la resistencia a 1,695 dólares permanece inmóvil
El sector de los metales preciosos presentó cierta ambivalencia ya que el platino y el paladio continuaron encontrando compradores y los pronósticos fundamentales los apoyan a ambos. Mientras tanto el oro y la plata están otra vez en problemas, especialmente después de que el metal amarillo estuviese cinco días intentando quebrar la resistencia de 1,695 dólares/onza y no lo logró.
Esto llevó a que algunos operadores desilusionados que mantenían posiciones largas se hayan retirado, lo que ha hecho bajar el precio del oro, el que ha atravesado un soporte importante a 1,662 dólares/oz, número que constituye la media móvil a 200 días.
El hecho de que el oro no haya logrado en varias ocasiones alcanzar lo que debería ser su nivel real de resistencia , actualmente la línea de tendencia de 1,701.5 dólares que conecta los niveles más altos de octubre y noviembre , señala que existe cierta desconfianza por parte de los inversionistas dado que el pronóstico global de crecimiento, especialmente en EU continúa mejorando.
El esperado anuncio por parte del Banco de Japón acerca de más medidas para promover la economía, no logró otorgar soporte y ahora el mercado debe reconstruir nuevamente la confianza para poder crecer.
La clave en el corto plazo serán los datos económicos de EU, dado que una mejora continua eleva el riesgo de que le Reserva Federal de EU suspenda sus medidas de estímulo antes de lo esperado.
La comunidad de traders apalancados está manteniendo posiciones netas relativamente largas, pero si bien ahora cuentan con niveles más bajos para poder reingresar, se tiene la sensación de que preferirían esperar hasta que se superen los 1,700 dólares/onza en lugar de involucrarse en los niveles actuales en los que el pronóstico inmediato parece incierto.
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Que opina? Crearán una financiera Chrysler y Santander en conjunto - 21/01/2013 6:08:20

"El fabricante de automóviles Chrysler y el Banco Santander están próximos a crear una empresa financiera conjunta que se llamaría Chrysler Capital, según informa hoy el diario The Wall Street Journal.
La empresa se encargaría de la financiación de la venta o leasing de vehículos del grupo Chrysler, y el acuerdo podría finalizarse en las próximas semanas, según indicó el diario.
Actualmente Chrysler trabaja con la financiera Ally Financial, una empresa en la que el Gobierno federal de EU tiene la mayoría, pero el acuerdo de cooperación concluirá el próximo 30 de abril, según anunció el fabricante de vehículos el año pasado.
Tras ese anuncio, Chrysler inició conversaciones con el Santander que entraron en fase avanzada en noviembre pasado, añadió el diario.
El banco español ya tiene en Estados Unidos una subsidiaria de financiación de la venta de automóviles, Santander Consumer USA.
Chrysler es el tercer fabricante de automóviles estadounidense, y está controlada desde 2011 por el italiano Fiat, después de que la compañía de Detroit entró en bancarrota en 2009 y el Gobierno federal de Washington acudió en su ayuda.
Las marcas estadounidenses del grupo son Chrysler, Dodge, Jeep y las camionetas Ram, y recientemente ha comenzado a distribuir en EE.UU. los pequeños Fiat 500.
También se espera que el Grupo Chrysler empiece a distribuir en América del Norte vehículos Alfa Romeo que dejó la región en 1995 ante la caída de las ventas.
Se espera que el primer vehículo Alfa Romeo que llegue a Estados Unidos en los próximos meses sea el 4C que será construido en Modena (Italia) por Maserati y que competirá con vehículos de marcas de lujo deportivo, como Audi o BMW. (EFE)
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Que opina usted? Responsabilidad social y eficiencia económica - 19/01/2013 11:00:58

"¿En qué circunstancias cabría esperar que una empresa comercial se abstuviera de perseguir las máximas utilidades porque hacerlo podría perjudicar a terceros? ¿Qué instituciones pueden, a nuestro juicio, desempeñar la función, no sólo de limitar sus utilidades, sino de hacerlo precisamente en aquellas formas que no resulten perjudiciales para otros? ¿Es lógico esperar el surgimiento o creación de códigos de ética?
Por KENNETH J. ARROW
Al examinar tales cuestiones, mi propósito no es tanto el lograr respuestas definitivas, como el analizar qué clase de consideraciones se deducen de dicho examen. Ante todo, convendría estudiar las posibles formas en que la actividad económica de una empresa puede afectar a otros miembros de la economía.
Se me ocurre una larga lista, pero bastarán algunos ejemplos: una empresa afecta a otras al competir con ellas en los mercados de factores, en la compra de mano de obra y de otros artículos para su uso, y en la venta de sus productos; paga salarios a terceros, compra artículos de terceros y fija los precios a que se venden sus productos, entablando así una relación económica con sus clientes. Típicamente, establece las condiciones de trabajo, incluyendo ,cosa esta muy importante, aquellas que afectan la salud y la posibilidad de accidentes dentro de la fábrica. En los últimos años se nos ha venido recordando que la empresa, tanto como la persona, contribuye a la contaminación, y que ésta afecta directamente a otros miembros de la economía.
Del mismo tipo, aunque no tan mencionados, son los efectos de la actividad económica en la creación de congestionamientos. Si se establece una nueva instalación industrial en una zona ya saturada, es natural que ello signifique costos, daños y perjuicios para las ya establecidas en esa zona, aunque sólo sea porque congestionará calles y aceras e impondrá cargas adicionales a los servicios públicos de la misma zona. Desde luego, aunque la congestión no ha sido objeto de tantos comentarios como la contaminación, puede producir un efecto mucho más serio, desde el punto de vista de la economía y, quizá también, de la salud.
Ciertamente, el costo social de las muertes causadas por accidentes automovilísticos supera con mucho los riesgos que para la salud representa la contaminación atmosférica producida por esos vehículos. Además, la empresa también afecta a otros al determinar la calidad de sus productos. Entre los muchos aspectos de la calidad de un producto, podemos señalar especialmente los que son causa de contaminación y los que implican amenazas para la seguridad. La cuestión de la responsabilidad social adopta distintas formas en lo que respecta a las diversas situaciones mencionadas, y esto no es, ni mucho menos, un rasgo uniforme.
Me ocuparé primero del caso contra la responsabilidad social: el supuesto de que las empresas no deben tener más propósito que el de elevar al máximo sus utilidades. Una faceta de dicho concepto es empírica, antes que ética o normativa. Se limita a declarar que las empresas procurarán elevar al máximo sus utilidades. Se asienta que el afán de lucro es muy poderoso y los incentivos para adoptar un comportamiento egoísta tan grandes, que ningún tipo de control podrá resultar eficaz. Este argumento posee cierta fuerza, pero no es concluyente. Es cierto que cualquier mecanismo que se emplee para obligar o conminar a las empresas a cumplir con sus responsabilidades sociales ha de tomar en consideración el motivo del lucro y el deseo de eludir cualquier tipo de controles que se llegaran a imponer. Pero esto no significa que no quepa esperar cierto grado de responsabilidad.
Otro tipo de argumento, expuesto con frecuencia por algunos economistas, es la afirmación de que las empresas deberían elevar al máximo sus utilidades; de modo que no sólo se muestren inclinadas a hacerlo, sino que, prácticamente, tienen ante la sociedad la obligación de hacerlo así. Las empresas, se dice, compran los bienes y servicios que necesitan para su producción. Lo que adquieren, lo pagan y, por tanto, están pagando por cuantos costos puedan imponer a terceros. Y lo que reciben en pago por la venta de sus artículos, lo aceptan porque el comprador considera que valen la pena. Vivimos en un mundo de contratos voluntarios; nadie está obligado a comprar nada. Cuando la gente opta por comprar algo, será porque alcanza beneficios en la medida del precio que paga. De ahí ,se afirma, que las utilidades representen, realmente, la contribución neta que la empresa hace al bien social, razón por la cual deben ser tan grandes como se pueda.
Cuando las empresas compiten entre sí en la venta de sus productos, la compra de mano de obra u otros servicios, quizá tengan que reducir el precio de venta a fin de lograr una mayor porción del mercado, o bien incrementar los salarios; en ambos casos, los beneficios que la empresa obtiene son compartidos, hasta cierto punto, con la población en general. Las fuerzas de la competencia impiden que las empresas obtengan una porción excesiva de los beneficios sociales. Por ejemplo, si una empresa trata de reducir la calidad de su producto, tarde o temprano tendrá que rebajar sus precios, ya que el comprador decidirá que no vale la pena pagar lo que se pide por ellos. Así, los consumidores ganarán en la reducción de precios y perderán debido al deterioro de la calidad.
Un análisis detallado nos demostrará que la empresa sólo estimará conveniente disminuir la calidad de sus productos si realmente esa mengua constituye un beneficio social neto; es decir, si el ahorro en el precio vale más para el consumidor que la baja de la calidad.
Límites del argumento
Dentro de los supuestos correctos, la máxima elevación de las utilidades es eficiente, desde luego, en el sentido de que puede alcanzar para todo consumidor el más alto grado posible de satisfacción, sin disminuir la satisfacción de otros consumidores ni utilizar más recursos de los que la sociedad posee. Pero hay que subrayar los límites de dicho argumento. En primer lugar, da por sentado que las fuerzas de la competencia son lo bastante fuertes; no hay justificación social para la máxima elevación de las utilidades por los monopolios, y esto es un punto muy importante. Segundo, la distribución del ingreso derivada del incremento irrestricto de las utilidades es muy desigual. Sin duda, la economía de competencia que permite esa máxima elevación es eficiente ,de lo que son prueba los altos ingresos medios,, pero ese elevado promedio va acompañado de una extendida pobreza, así como de vastas riquezas, para unos pocos, cuando menos.
Para algunos de nosotros, semejante consecuencia resulta bastante indeseable. Además, ese afán de elevar al máximo las utilidades tiende a alejarse de la expresión de motivos altruistas, cuya satisfacción es tan legitima como la de los motivos egoístas, y cuya expresión es algo que quizá sintamos el deseo de alentar. Un comportamiento económico egocentrista, basado en la máxima elevación de las utilidades, no deja campo para la expresión de tales motivos. Si los tres problemas precedentes fueran dejados a un lado, nadie se metería a juzgar las formas en que las empresas afectan a otras. En realidad, en vez de desalentarla, hay que alentar la obtención de utilidades por medio de la competencia.
La determinación de salarios y precios entre la empresa y sus trabajadores y clientes, libres de coacciones, representa intercambios mutuamente beneficiosos. Por tanto, no hay razón, dentro del marco de la discusión, para intervenir. Sin embargo, la conveniencia social de la máxima elevación de las utilidades no cubre todas esas acciones recíprocas a que he aludido. Son dos las categorías en que tales argumentos se derrumban. De la primera son ejemplo la contaminación o la congestión. En este caso, ya no es cierto ,y en ello estriba la clave de tales cuestiones, que la empresa paga realmente por el daño que causa a otras.
Cuando la empresa toma el tiempo de una persona, lo utiliza en el trabajo y paga por él, la transacción puede considerarse como un intercambio beneficioso desde el punto de vista de las dos partes. Pero carecemos de un mecanismo semejante para el pago de la contaminación que una empresa obliga a sus vecinos a soportar. Entonces, la empresa tendrá tendencia a contaminar en mayor grado del que sería deseable. Es decir, que los beneficios obtenidos por ella o proporcionados por ella a sus clientes no son, o pueden no ser tan grandes como el costo que dicha empresa impone al vecindario. Pero, puesto que no paga ese costo, no existe un incentivo pecuniario para que se abstenga.
Y lo mismo puede decirse de la congestión del tránsito cuando no se cobra nada por el incremento del número de autos o camiones que circulan por las carreteras. Es algo que a todos incomoda; es causa de demoras y acrecienta la probabilidad de que ocurran accidentes; en suma, impone un costo a buen número de miembros, de la sociedad, que no es pagado por quien lo causa …o, al menos, no en su totalidad. La persona que causa la congestión también la padece, pero los costos que impone a otros son mucho mayores que los que ella misma soporta. Por consiguiente, habrá siempre la tendencia a hacer uso excesivo de aquellos objetos por los que no se cobra precio alguno, en particular el escaso espacio que hay en los caminos.
Hay muchos otros ejemplos de este tipo, pero los dos antes descritos sirven para ilustrar el punto que queremos dejar asentado: es necesario hacer algún esfuerzo para alterar la conducta de las empresas en lo que respecta a la obtención de las máximas utilidades, sobre todo cuando dicha conducta impone a los demás costos que no se compensan fácilmente por medio de una serie de precios adecuados.
El factor calidad
La segunda clase de efectos que hacen socialmente deseable la obtención de ganancias máximas, abarca cuestiones de calidad, acerca de las cuales suelen saber más el fabricante y el vendedor, que el comprador. Mencionaré primero la cuestión de la calidad del producto vendido, si bien consideraciones casi idénticas se aplican a la calidad de las condiciones de trabajo. Con frecuencia, la empresa está más capacitada que el trabajador para conocer las consecuencias ,por ejemplo, riesgos para la salud- que pueden tener las condiciones de trabajo.
Como ejemplo, pensemos en un nuevo producto, de carácter complicado, como es un nuevo automóvil. Es natural que el vendedor sepa mucho más que la mayoría de sus clientes, en lo tocante a las propiedades del vehículo. A fin de producirlo, el fabricante tuvo que realizar pruebas de diversos tipos; el vendedor conoce el resultado de esas pruebas, y el guardarse ese conocimiento redunda en perjuicio de su propia eficiencia, puesto que no satisfará los gustos de sus clientes. Quizá más dramáticos, aunque en menor escala, sean los repetidos ejemplos de información especiosa acerca de los riesgos y empleo de medicinas de patente y otras drogas. También es una manifestación del punto que quiero dejar asentado.
La máxima elevación de las utilidades puede llevar a consecuencias obviamente perjudiciales para la sociedad. Tal es el caso cuando, en general, se engaña a los consumidores: por ejemplo, cuando se les hace esperar más de lo que es posible garantizar. También saldrán perjudicados cuando no se les engaña, pero se les lleva a la incertidumbre, aunque en este caso el argumento sea más sutil. Una consecuencia puede ser el consumo excesivamente limitado de ciertas nuevas drogas, pongamos por caso. Si los consumidores de esas drogas tienen pleno conocimiento de los riesgos implícitos, pero son incapaces de calcular el peligro que representa una droga determinada, puede suceder que el temor los induzca a rechazar un nuevo tratamiento médico… lo que, a la larga, puede ser tan grave como la actitud opuesta.
Los defensores de la búsqueda irrestricta de utilidades suelen dar por sentado que el consumidor está bien informado, o, que, al menos, acaba por enterarse de lo que hay que saber por medio de la experiencia, mediante el repetido consumo del producto, o bien por los comentarios de otras personas que estén en su mismo caso. Semejante argumento es empíricamente débil; incluso la capacidad de determinadas personas para analizar los efectos de sus pasadas adquisiciones puede ser limitada, en particular tratándose de mecanismos complicados. Pero tiene otros dos efectos: los riesgos, incluso el de muerte, pueden ser tan grandes, que hasta una experiencia errónea resulta pésima, y de nada sirve la oportunidad de aprender a base de pruebas repetidas.
Luego, en un medio en el que constantemente salen al mercado nuevos productos, se reduce grandemente la oportunidad de aprender a base de experiencia. Las fábricas de vehículos automotores introducen constantemente nuevos modelos que, al menos según sus fabricantes, son distintos de los anteriores, aun cuando el cambio sea más bien externo que interno. No hay día que no salga alguna nueva droga; y el hecho de que hayamos tenido una mala experiencia con alguna de ellas, no nos brindará mayor información acerca de la próxima. Hay, entonces, dos tipos de situaciones en las que la simple regla de elevar al máximo las utilidades resulta socialmente defectuosa: cuando los costos no se pagan, como en el caso de la contaminación, y cuando el vendedor sabe mucho más que el comprador acerca del producto, especialmente en lo relativo a la seguridad. En tales circunstancias, es obvio que conviene contar con alguna clase de responsabilidad de tipo social: una obligación, ya sea ética, moral o legal. Y no podemos esperar que semejante obligación surja de la nada.
Para tener significado, toda obligación de este tipo tiene que tomar cuerpo en alguna institución social. Uso el término en su sentido más amplio. La exhortación a proceder con honradez debe concretarse en un código legal o en alguna otra forma visible, recordatorio constante y, quizá, medio de introducir una escala de valores dignos de tomarse en cuenta. Hasta cierto punto, la institucionalización de la responsabilidad social ofrece a todas y cada una de las empresas la seguridad de que sus competidoras también aceptarán la misma responsabilidad.
Si una empresa se ciñe a un código impuesto desde el exterior, cabe esperar que las otras empresas también lo obedecerán, y por tanto, podrá contar con cierta seguridad de que no tiene por qué temer que su buen comportamiento se traduzca en costos excesivos.
Algunas alternativas
Hay buen número de instituciones, de los más diversos tipos, que pueden considerarse como personificación de las posibles responsabilidades sociales de las empresas. Tenemos, en primer lugar, los reglamentos legales, como en el caso de la contaminación, en el que se prescriben normas acerca del tipo de combustión que puede producirse, así como límites máximos a las emisiones. Una segunda categoría es la de los impuestos. Los economistas suelen, con toda razón, preferir la tributación a la regulación. Ya empieza a tomar ímpetu un movimiento en pro de la imposición de cargas fiscales a las emisiones contaminadoras. La responsabilidad es perfectamente clara: quien cometa la violación, pagará por ello.
Un tercer remedio, ya muy antiguo, es la obligación legal: la obligación implícita en el derecho civil. Se puede entablar demanda contra quien convenga, por daños y perjuicios. La cuarta clase de instituciones está representada por los códigos de comportamiento ético. La limitación se logra, no apelando a la conciencia del individuo, sino más bien mediante una definición, comprendida por la mayoría, de lo que es el comportamiento adecuado. Cada una de estas instituciones tiene sus pros y sus contras. En el caso de las dos primeras, reglamentos e impuestos, seré breve, pues son las más conocidas. Podemos formular reglamentos para el control de la contaminación.
También podemos reglamentar la seguridad de un producto. Podemos incluso fijar normas que aseguren la calidad en aspectos que no atañen a la seguridad. La principal desventaja de la regulación directa radica en lo difícil que es fijar normas lo bastante flexibles para que sean aplicables en diversas circunstancias y, al mismo tiempo, lo bastante sencillas para poder hacerlas obligatorias. Además, la reacción a nuevas situaciones suele producirse con lentitud; hay gran rigidez en la mayoría de las estructuras reguladoras. Para ciertos fines, es obvio que la regulación es lo mejor, pero también resulta claro que, como recurso universal, carece de utilidad. En el caso de los impuestos a los efectos, más que a las causas, hay una poca más de flexibilidad, ya inherente.
Por ejemplo, para combatir la contaminación tal vez la mejor arma sea la imposición de gravámenes; se gravan las emisiones de las industrias, ya sea que afecten el agua o el aire. Esto significa que cada industria está en libertad de buscar la manera de reducir al mínimo la carga impositiva. No se le dicta lo que tiene que hacer, como por ejemplo, elevar las chimeneas hasta cierta altura. Es libre de buscar la manera más económica de resolver el problema de la contaminación. Tal vez decida que las posibilidades de obtener ganancias son tan buenas, que quizá valga la pena seguir contaminando y vender su producto a un precio mayor. Tal decisión no es necesariamente mala; significa que el producto de esa industria es muy buscado, y ofrece una prueba automática del mercado para dilucidar si vale o no la pena seguir contaminando, puesto que, en última instancia, es el consumidor quien paga por la contaminación que él mismo induce. Empero, es difícil decidir si este método, a pesar de su utilidad en el caso de la contaminación, podría ser aplicable en el caso de la seguridad, o si es posible idear un impuesto que realmente tenga sentido. La carga impositiva parece ser un instrumento demasiado tosco para lograr el control de la seguridad del producto.
La responsabilidad legal puede aplicarse, y ya lo ha sido; es decir, los tribunales han ordenado el pago de daños en casos derivados de la contaminación, o de aquéllos en que el empleo de productos poco seguros ha sido causa de perjuicios y aun de la muerte del usuario. La naturaleza de la ley en este sector está siendo conformada por una serie de fallos judiciales. Todavía no está muy claro qué es lo que la empresa y sus funcionarios tienen que saber para que se les considere responsables de los daños producidos por artículos que no son seguros. Desde luego, podría aducirse, incluso ahora, que si los funcionarios de una empresa se percataran de que cierto producto ofrecía grandes probabilidades de tener un defecto grave, y a pesar de ello lo vendieran sin hacer ninguna advertencia, y ese defecto se hiciera patente, la responsabilidad legal sería obvia. Pero con frecuencia resulta difícil probar que se tenía ese conocimiento.
Claro que si la sociedad desea seguir el camino de la responsabilidad legal como la forma de imponer la responsabilidad social, puede cambiar los principios en que tales decisiones se basan. Por ejemplo, puede echarse sobre la empresa la carga de allegar la evidencia, de manera que, en el caso de todo nuevo producto, se exijan pruebas que demuestren que dicho producto es absolutamente seguro. El incumplimiento de dicho requisito sería prueba fehaciente de la responsabilidad de la empresa. Podemos pensar en enmiendas de este tipo, que pondrían las leyes más a tono con lo que las circunstancias requieren. Sin embargo, el camino de la responsabilidad tiene ciertos defectos intrínsecos que, en mi opinión, hacen de ella, en su forma actual, un instrumento inadecuado para lograr el control social o para imponer responsabilidades a las empresas lucrativas. Para empezar, los litigios cuestan mucho dinero. En segundo lugar, no parecen ser el método adecuado para resolver problemas recurrentes o constantes. Obligar a la obediencia mediante la acción constante de los tribunales resulta una manera muy costosa de manejar una situación que se repite una y otra vez. Es absurdo acudir a los tribunales para demostrar un mismo conjunto de hechos, vez tras vez. Para tal fin, los impuestos, que ofrecen idénticos incentivos, resultan superiores.
Códigos de ética
La cuarta manera en que puede tratarse de obligar a las empresas a actuar con responsabilidad, son los códigos de ética. Quizá haya quien encuentre un tanto extraño el que un economista sugiera semejante posibilidad, pero cuando existe una gran diferencia entre el conocimiento que las dos partes tienen del mercado, la adopción de códigos de ética reconocidos por todos puede contribuir enormemente a la eficiencia. De hecho, tenemos prueba de ello en la vida cotidiana, aunque en campos muy limitados.
El más notable es el caso de la ética médica. Por su naturaleza misma, existe una notable diferencia en los conocimientos del vendedor y el comprador. A decir verdad, éste compra los servicios de alguien que sabe mucho más que él. Para que esta relación sea viable, en el transcurso de los siglos se han elaborado códigos de comportamiento ético, tanto para evitar la posibilidad de que el médico explote al enfermo, como para asegurar al comprador de los servicios médicos que no se le está explotando. No pretendo decir que tales códigos sean universalmente obedecidos, pero siempre podemos suponer que el médico procederá teniendo en mente nuestro bienestar.
El gasto en servicios médicos innecesarios, y otros abusos, se consideran violaciones de la ética médica. Sin embargo, el comportamiento que en el médico censuraríamos acremente, apenas si se crítica cuando los culpables son comerciantes u hombres de negocios. La profesión médica es típica. En general, todas las profesiones implican situaciones en las que el conocimiento de las partes es desigual ,por la definición misma de la profesión, y, por tanto, se han formulado principios de ética que brindan cierto grado de protección al cliente. Observen ustedes que de esto se derivan mutuos beneficios. Ciertamente, si desconfiáramos de un médico, no compraríamos sus servicios. Entonces, el médico desea un código de ética que sirva de garantía al cliente; y, desde luego, quiere que sus colegas también lo obedezcan, en parte, porque cualquier violación puede ponerlo en posición desventajosa, pero, sobre todo, porque la violación redundará en desprestigio para él, puesto que el comprador de servicios médicos puede ser incapaz de distinguir a un médico de otro.
Una cuidadosa observación nos revela que buena parte de la actividad económica depende, para su viabilidad, de la aceptación, hasta cierto punto, de una ética. Un comportamiento netamente egoísta es incompatible con una existencia económica establecida, del tipo que sea; invariablemente, existe cierto elemento de fe y confianza. Muchos negocios se realizan sin más base que una garantía verbal, puesto que sería demasiado complicado requerir compromisos escritos para cada ocasión. Todo contrato depende, en cuanto a su cumplimiento, de un acervo de condiciones no estipuladas, que sugieren que la actividad se llevará a cabo de buena fe. Dicho sencillamente, en casi toda transacción monetaria, en todo intercambio de artículos por dinero, hay alguien que da su valiosa posesión antes de recibir nada a cambio; o se entrega el dinero antes de recibir los artículos, o bien, se entregan éstos antes de recibir aquel. Además, es general la confianza de que no se violará el convenio implícito.
En el caso de la seguridad de un producto, la eficiencia mejoraría notablemente mediante la aceptación de un código de ética. Quizá baste a veces esa obligación moral para que el vendedor revele toda la información disponible, dando así al comprador la oportunidad de elegir. Esto no es siempre, necesariamente, lo mejor. Podría argüirse que, en determinadas circunstancias, lo conveniente sería fijar normas mínimas de seguridad y abstenerse de sacar al mercado los productos que no satisfagan dichas normas, y que los fabricantes y comerciantes deberían sentirse obligados a proceder en esa forma. Desde luego, limitarse a decir que sería deseable un código de comportamiento ético no significa que ello se realice. Dicho recurso sólo tendrá valor si es ampliamente aceptado. Debe ser bastante claro en lo que a comportamiento (según las circunstancias) se refiere y, sobre todo, conviene tener muy presente que a todos beneficia la general aceptación de las obligaciones que la ética impone.
Un código de esta clase que carezca de esta última cualidad, será poco viable. ¿Cómo se elaboran tales códigos? Pueden originarse como un consenso, fruto del prolongado y público debate de las obligaciones, debate que se suscitará en los cuerpos legislativos, en las salas de conferencias, en las publicaciones especializadas y en otros foros públicos. Los códigos se comunican mediante el proceso mismo de llegar al acuerdo. Otra posibilidad más formal consistiría en pedir a un grupo de prestigio que estudiara y proclamara normas de ética comercial. En uno u otro caso, para convertirse en parte del medio económico, y para seguir siendo parte del mismo, los códigos deberán ser aceptados por las principales instituciones vigentes, y ser transmitidos de una generación de funcionarios a la siguiente, por medio de métodos estándar de procedimiento, a través de las escuelas y facultades de comercio, y mediante algún tipo de adoctrinamiento.
Sostenimiento del código
Dando por supuesto que se elaboren tales acuerdos, ¿cómo se les puede sostener? Después de todo, por mucho que el código ético redunde en provecho de la generalidad, no beneficia los intereses de ninguna empresa. Puede tener valor para la administración del sistema en su totalidad, y puede tenerlo para todas las empresas, si todas lo apoyan, sin embargo de lo cual, puede suceder que cualquier empresa estime ventajoso hacer trampa y las ventajas serán mayores mientras más se apeguen otras empresas a los dictados del código.
Pero hay razones para pensar que estos códigos pueden ser elaborados, y afirmarse. Desde luego, necesitarán del apoyo institucional. Es decir, se requerirá de organismos focales, como son dependencias gubernamentales, asociaciones comerciales y grupos encargados de la defensa del consumidor ,o una combinación de todos ellos, para hacer explícitos los códigos; para inculcar su doctrina y lograr que se sienta su presencia. Con tal ayuda, es factible la elaboración de códigos de ética en cuestiones tales como seguridad, cuando menos.
Un factor que en este caso es positivo, puede resultar negativo en otros: el de que la economía está constituida, en alto grado, por grandes empresas. La empresa no es ya un individuo único; es un organismo social con lazos sociales internos y sujeto a presiones internas en cuanto a aceptabilidad y estimación. Los distintos miembros de la empresa no sólo son parte de la misma, sino también de una sociedad más extensa, cuya estimación desean conquistar.
En una gran empresa, el poder está necesariamente atomizado; no son muchas las personas que en un organismo de esa clase se sienten totalmente identificadas con la institución, al grado de desdeñar otras presiones sociales. Cabría dudar de que los códigos fueran debidamente respetados, dada la posibilidad de que una minoría se beneficiaría contraviniendo sus mandatos, lo que echaría por tierra todo el sistema. Sin embargo, sucede que ciertas presiones actúan en dirección opuesta. Es obvio que a quienes obedecen un código, les interesa que se le haga respetar, y les conviene llamar la atención hacia las violaciones; en fin, utilizar las presiones éticas y sociales de la sociedad toda, en contra de sus rivales sin escrúpulos. Además, estaría muy clara para todos la conveniencia de apoyar el sistema, y la garantía de calidad sería una manera muy positiva de atraer a consumidores y trabajadores.
Al mismo tiempo, para ser viables, los códigos de comportamiento ético deberán ser limitados en sus alcances. Se les deberá aplicar únicamente en situaciones en que la empresa posea un conocimiento superior. Si es posible observar normas de calidad, el consumidor debería estar en libertad de elegir entre productos de alta calidad y precio elevado, y otros de baja calidad y bajo precio. Empero, en aquellos sectores donde es típico malinformar al cliente, o darle datos incompletos, los códigos de ética contribuirán a la eficiencia de la economía. Desde luego, no conviene esperar transformaciones milagrosas en el comportamiento humano. Los códigos no son sustituto universal para los instrumentos mencionados antes: impuestos, reglamentos y acción legal.
Escrito por KENNETH J. ARROW
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Noticia, Metrolima: "Susana" será quemada en fiesta de Año Nuevo - 11/12/2012 20:34:00

" Piñatas y muñecos de alcaldesa se venderán de todas maneras
Aunque la Municipalidad de Lima amenazó con multar a los comerciantes del Mercado Central que vendan muñecos y piñatas con la imagen de la alcaldesa capitalina, Susana Villarán, los vendedores confirmaron que, a más tardar la próxima semana, de todas maneras empezarán a expender estos productos que son muy solicitados por quienes quieren recibir el de Año Nuevo con la quema de la imagen de las burgomaestre.
""Vinieron los serenos, nos amenazaron y dijeron que impondrán multas de 50 mil soles. Pero, eso no nos amedrenta. Ya tenemos la mercadería lista y saldrá a la venta sí o sí"", manifestó el vendedor de cotillón y piñatas, Edgardo Gallo.
Los comerciantes indicaron que una comitiva se reunió con el teniente alcalde de Lima, Eduardo Zegarra, para buscar solución, pero todavía no hay un acuerdo.
""El municipio alega que nos cerrarían porque fabricamos los productos en talleres clandestinos, pero nosotros trabajamos con todas las de la ley"", explicó Ruiz, mientras mostraba el permiso de funcionamiento de su local de la cuadra siete del jirón Huallaga, en el Cercado de Lima.
A su vez, la vendedora Joice Sancas expresó su rechazo hacia la prohibición de la venta de piñatas e indicó que si no vende estos productos ""perdería más de ocho mil soles"". ""Mataría mi negocio y me dejaría en la calle en esta campaña de fin de año"", explicó.
Agregó que ya tiene confeccionados más de cuatro mil muñecos para venderlos con las caras del entrenador de la selección de fútbol, Sergio Markarián; del futbolista Juan Vargas; del exministro José Villena; y hasta de la ""Señito"" Gisela Valcárcel.
""No es el primer año que intentan prohibir nuestras ventas. La alcaldesa busca desvirtuar a todos los comerciantes del centro como hizo en La Parada. Pero no lo va a lograr"", recalcó.
En tanto, varios compradores de cotillón y piñatas subrayaron que esperan con ansias a los muñecos para celebrar el fin de año.
""Este año quemaré muñecos de Susana Villarán y de Ariel Bracamonte por ser tan mala leche"", anunció entre risas doña Belén Martínez.
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