Que opina? Defensoría: Cerca del 50% de discapacitados son adultos mayores - 29/11/2013 12:47:10
" Ideeleradio.- El 5.2% de la población peruana a nivel nacional tiene discapacidad y de ese porcentaje casi el 50% son adultos mayores, informó Malena Pineda, jefa del Programa de Defensa y Protección de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la Defensoría del Pueblo."Recién este año y hace poco acaba de salir una encuesta nacional sobre discapacidad que recién nos está señalando cuántos son y hablo de discapacidad en general. El 5.2% de la población en Perú tiene discapacidad y de ese 5.2% casi el 50% son adultos mayores. Es un montón [es un problema grave], porque además cuando la persona nace con discapacidad o la adquiere en el transcurso de su vida genera una dependencia y mayor pobreza", expresó en el programa No Hay Derecho de Ideeleradio.
"Vivir la discapacidad es sumamente caro, porque no hay servicios. Entonces la familia, generalmente la madre, el hermano, deja de trabajar. La carga económica y pobreza se hace mayor. Si más del 50% con discapacidad son adultos mayores, el Estado peruano tiene que trabajar, prepararse mucho, para lo que viene en los futuros años", advirtió.
La representante de la Defensoría, remarcó que las personas con discapacidad son las más estigmatizadas en el Perú, porque ni siquiera están en las estadísticas en comparación con otros grupos de ciudadanos. Además señaló que se sienten relegados por el Estado.
"Pareciera que hubiera una competencia de quién es el que más sufre, más olvidado, estigmatizado, discriminado y todo lo demás. Lo cierto es que son muchos sectores, pero entre todos los sectores aquellos que ni siquiera están en las estadísticas es el sector de las personas con discapacidad", puntualizó.
Dirección de Salud Mental no tiene director nombrado, ni presupuesto
La especialista por otro lado lamentó que desde el año 2006 , la Dirección de Salud Mental no cuente con un director nombrado, ni con el presupuesto necesario para funcionar debidamente.
""Desde el 2006 se crea la Dirección de Salud Mental, pero con un equipo realmente mínimo. Actualmente no serán más de seis personas o imaginemos que son entre siete y ocho, pero no tienen un director nombrado y un presupuesto necesario para que ejerza el nivel de rectoría a nivel nacional y pueda coordinar con las regiones. De mi experiencia y lo que he visto no en países lejanos como Chile y Argentina tienen una política de salud mental a través de una ley nacional, a partir de una voluntad política, es una política nacional.", criticó.
"Tienen una dirección de salud mental con más de 40 personas, porque la política de salud mental es estrechamente coordinada con el Ministerio de Justicia, Salud y Educación y , es sumamente importante. Actualmente son más de 160 profesionales", acotó.
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Información: ¿Dulces 25? - 15/12/2011 0:08:37
"Artículo originalmente publicado en DEBATE N°118, diciembre 2002.Con motivo de las bodas de plata de Apoyo, la revista DEBATE pidió a diversos personajes su testimonio de cómo celebraron sus 25 años y sus perspectivas del país desde ese entonces.
¿DULCES 25?
Personajes de distintas generaciones relatan lo que les tocó vivir a sus 25 años en etapas cruciales de nuestra historia reciente y cómo ha cambiado su visión del Perú.
Susana Villarán, alcadesa de Lima y ex ministra de la Mujer
Cumplí 25 años en Santiago de Chile, un mes antes de que se consumara el golpe de Pinochet.
El ambiente estaba cargado de amenazas. A los chilenos les era difícil imaginar que algo así ocurriría en su país. Quienes veníamos de tierras turbulentas olfateábamos el peligro en el aire. Nada, sin embargo, me quitará lo bailado: haber estudiado allí en ese momento tan único de su historia; haber criado a mis hijos pequeñitos en medio de libros, con la cabeza llena de sueños, llevándolos en hombros mientras marchábamos acompañados de las voces inolvidables de Violeta Parra, Víctor Jara y los Quilapayún.
A los 25, una se imagina que todo es posible. Sin embargo, el trágico fin de Allende, las torpezas de su gobierno y el impacto de la guerra fría, me enseñaron mucho. Aprendí que el camino de la justicia no era fácil, pero no perdí la esperanza.
Cuando surgió APOYO, hace 25 años, formaba parte de un proyecto de izquierda y esperaba a mi tercer hijo. Trabajaba mucho y vivíamos a tres dobles y un repique. Fue el año del gran Paro Nacional del 19 de julio. No me olvidaré jamás de las calles desiertas ese día, el sabor del triunfo ni tampoco del miedo y la fatiga. Fue un momento de inflexión, la izquierda y el pueblo movilizado apuraron la salida democrática y Morales Bermúdez se vio obligado a convocar a la Asamblea Constituyente. Paradójicamente, esa misma izquierda tan importante para la transición, no aprendió a valorar la democracia, moviéndose ambigua e instrumentalmente en ella.
Ha pasado mucha agua bajo los puentes desde entonces. El mundo es diferente, con oportunidades pero incierto. Nos ha tocado vivir un tiempo doloroso de guerra y salir de ella con autoritarismo y corrupción. Hemos aprendido lo que no hay que hacer en el gobierno, pero aún balbuceamos sobre lo que debemos hacer juntos para integrarlo, reconciliarlo, descentralizarlo, modernizarlo, rescatando a los pobres de la injusticia en la que viven. Creo que nos sobran capacidades y energías para ello, pero que estamos severamente afectados por la desconfianza. Es un momento de prueba.
No estaré en este mundo dentro de 25 años. Me imagino, sin embargo, a Andrea, mi nieta, viviendo en una sociedad más humana, cohesionada y menos desigual. Estoy segura de que el inconformismo se hereda.
Raúl Otero, empresario y presidente de IPAE
Mis 25 años no fueron "terribles y malditos" como los 17 de Carlitos Alegre en El huerto de mi amada, pero sí marcaron una ruda transición.
De manera abrupta e inesperada perdí la inocencia y la seguridad en mis roles de profesional y ciudadano. El facilismo de fórmulas mágicas en política y en la profesión se estrellaron con la cruda realidad. En la solución de los problemas nacionales quedaban atrás ""El Perú como doctrina"" y la cautivante retórica revolucionaria por vacías, estériles e inoperantes. Tampoco había funcionado aquello de ""ingeniero, abogado o doctor"" que me llevó a la ingeniería por la vía de mi facilidad con los números. A los 25 años no podía negar que no servía como ingeniero.
Por entonces, mi buen amigo FOZ me invitó a trabajar en un proyecto de consultoría sobre posibilidades industriales en el Perú. La trascendencia del tema, el talento joven reunido, el rigor en el trabajo y el ambiente de amistad permitían presagiar lo que sería luego APOYO, que ya sin duda se estaba gestando en la cabeza de su fundador. Este trabajo, que me ayudó a enfrentar mis frustraciones y a reorientar mi vida profesional, se convirtió en una memorable experiencia. Como en APOYO, lo hicimos bien y la pasamos rebien.
Posibilidades, el tema del proyecto, me sirve de asidero para reflexionar sobre el Perú de entonces y su futuro, y el Perú de hoy y su futuro. Posibilidades es la medida, la moneda que nos permite valorar y poner en perspectiva al país en cualquier momento. Como toda moneda, tiene dos caras, una mide los resultados logrados y la otra plantea la agenda futura. Perú 73, Perú 83, Perú 93, cualquiera da un pésimo balance respecto a lo que se hubiera esperado 25 años antes y, sin embargo, ofrece en cada período renovadas y alentadoras posibilidades para los siguientes 25. Siempre frustración y esperanza...
No recuerdo, o tal vez prefiero no recordar, lo que esperaba del Perú en 1973. Sí quiero, sin embargo, afirmar hoy mi optimismo respecto a las posibilidades futuras. Imagino al Perú en un rumbo seguro hacia un país próspero, justo, solidario y con oportunidades para todos. Como buen martillero todo lo veo clavo, así que avizoro en 25 años un Perú competitivo (he estado involucrado en el tema) e insertado exitosamente en la economía global.
Cuando APOYO celebre 50 años, la pista de carrera habrá cambiado y no se repetirán los fracasos del pasado. Para entonces no seré yo, sino tal vez mi hija Andrea, quien dé testimonio a DEBATE de que los peruanos sí podemos y que somos dueños de nuestro destino.
También puedo pronosticar que en los próximos 25 años Alianza campeonará por lo menos 20 veces.
Cecilia Blondet, ex ministra de la Mujer y ex directora del Instituto de Estudios Peruanos
Desde muy temprano, el 19 de julio de 1977 recorrimos las calles del centro de Lima para evaluar la evolución del paro nacional. A mí me tocó el piquete de la calle Capón, y por primera vez probé los dulces chinos.
No hubo enfrentamientos con la Policía y al final del día la voz unánime era que el paro había sido un éxito total. La población se hizo sentir en una sola voz. Precisamente, fue a partir de ese momento, ante la crisis económica latinoamericana que se avecinaba y la movilización popular organizada en las calles, que el gobierno militar aceptó que tenía que convocar a una Asamblea Constituyente. En ese mismo momento, los partidos de la izquierda en pleno comenzaron a discutir sobre la conveniencia de participar en las elecciones. Se inició, entonces, un proceso de alianzas, rupturas y un debate sobre la democracia en el Perú que luego tendría muchos tropiezos, sin duda, pero que marcaba un hito frente a las dictaduras y los regímenes oligárquicos del Perú republicano. Ese es el Perú que recuerdo y que viví intensamente, que me dio tantas ilusiones y frustraciones a la vez. Ya habían nacido dos de mis hijos y esperaba al tercero, trabajaba en el Banco Central de Reserva y salíamos de campamento cada fin de semana que podíamos, al río o a la playa en el verano.
Veinticinco años después puedo constatar que la historia nunca es lineal, que es más bien sinuosa y compleja, con avances y retrocesos. Siendo pesimistas podríamos decir que aprendimos poco sobre la democracia. Que quedamos atrapados entre el desprestigio de la política y la mediocridad de los políticos; que la incompetencia y la corrupción, pero también el terrorismo y el narcotráfico, se apoderaron de y carcomieron el Estado y las instituciones, lo que desvirtuó el sentido de la ley; y que la pobreza se incrementó sustantivamente y agudizó los serios problemas de desigualdad y exclusión social entre la capital y las provincias, la ciudad y el campo, o los hombres y las mujeres, especialmente las más pobres. Sin embargo, la vida continuó aun en los peores momentos y lo sorprendente es que, a pesar de todas esas secuelas, en el 2000 fuimos capaces de luchar valientemente por recuperar la misma democracia que descuidamos años atrás. Quizás, ahora sí comenzamos a aprender que debemos ponernos de acuerdo, que nuevamente tenemos ante nosotros una oportunidad de reconstruir el Perú que queremos para nosotros y para nuestros hijos, y que debemos dejar de pensar, por un momento, en nuestros propios e inmediatos intereses para trabajar por el país de todos. Eso espero y en eso estoy empeñada. En ese sentido, la experiencia en el ministerio ha sido invalorable y refuerza mucho más mi compromiso como peruana. ¡Felicidades a APOYO por sus 25 años!
Sandro Fuentes, abogado
A los 25 años, en 1981, estaba por escoger entre un posgrado o un trabajo como asesor en el Ministerio de Justicia. El presidente Belaunde gobernaba por segunda vez y venía a desmontar la dictadura militar ""revolucionaria"" de 12 años.
Opté por lo segundo, para ver de cerca la democracia recién reinstalada ,por enésima vez, y su funcionalidad en un ambiente de intensa ideologización, cuyo inaudito extremo era Sendero Luminoso.
Velasco había dado su golpe (1968) a poco tiempo del mayo de París, en camino a Woodstock, muerto y crecido el Che Guevara y la irrupción del hippismo en el Cusco, y en mi adolescencia plena. Forzó el socialismo, sin libertad y con policía, por cierto; hizo una reforma agraria, singularmente impactante en una sociedad agrarista como la cusqueña. ""Nacionalizaciones"", castrismo, ""democracia social de participación plena"", propiedad social, y otro montón de eslogans y prácticas, borraron lo que quedó del modernismo de Beltrán, el liberal ministro de los cincuenta. El cóctel mental de los setenta tenía mucho de granadina y vodka, algo de motai y pisco de chacra, unas pintas de ron y hasta hierbas non sanctas. Bebérselo era casi obligatorio y no hacerlo era un asunto existencial muy serio. Varios buscamos otra receta, motivados por la genialidad del rock de la época y un incipiente liberalismo en libros rebuscados. Era algo extravagante por entonces leer a Von Hayek o Popper, mientras ""los otros"" estaban con Marx, Mariátegui, Martha Harnecker y serios estudios de los mensajes imperialistas agazapados bajo el Pato Donald. DEBATE no llegaba al Cusco, o no supe que llegaba, pero seguro que lo inventábamos.
Surgió en el Cusco, dicen, el marxismo-lennonismo (por Groucho y John) y su brazo bohemio los ""Chupamaros"", ambos en cachondeo de la seriedad izquierdista. Pero todo finalmente dañó a la generación convenciéndonos erradamente de no afincar en partidos políticos y que las grandes causas estaban al margen de éstos.
Belaunde no la tenía fácil. Nadie quería ni podía escuchar al mercado, el Estado debía seguir siendo el motor económico. Lo esencial, aunque no diera de comer, era mantener viva la democracia pese al extremismo. Costó, pero lo logró, y en buena hora. Al final, la apertura democrática no conjugó con la económica, que ya era una exigencia.
A los 25 años estaba ya en Lima, pasado por la Universidad Católica, convencido creo para siempre de que el Perú es un archipiélago cultural, axiológico, étnico, lingüístico, económico, etcétera, etcétera; de novio eso sí, casi abogado y casi empleado (el peruanísimo casi) pero seguro de que se superaría el desandamiento de los años setenta. Entre 1980 y el 2000 casi acierto, pero ganó el casi y otra vez el ciclo pernicioso se reprodujo y su final, además de pernicioso, fue una puñalada trapera.
No he logrado encontrar respuesta a este ""penelopismo"" nacional, de tejer para destejer todos los días, a la espera de no sé qué. Lo sigo tratando de averiguar.
Rosa María Palacios, abogada y periodista
1988 fue para mí un año de muchos cambios. Recién salida de la universidad renuncié a mi trabajo de asistente en el Instituto Libertad y Democracia y me dediqué a graduarme de abogada. Estaba comprometida y le había prometido a mi padre que me graduaría ese mismo año.
Así, pues, tenía que sacar adelante tesis, grado, matrimonio y viaje a Austin, Texas, para estudiar mi maestría. Tareas difíciles si se tiene en cuenta que el país se encontraba en estado de emergencia por el terrorismo, los servicios básicos eran menos que básicos (agua y luz racionados), la inflación hacía imposible planificar y la escasez de todo obligaba a colaborar con la familia por lo menos en hacer las colas.
El país se encontraba dividido por la estatización de la banca anunciada por Alan García el 28 de julio de 1987. Como muchos universitarios, salí a gritar ""Alan mentiroso"" y fui testigo de los inicios del movimiento Libertad. Fue una época de desencanto, cuando mi generación tomaba la decisión de irse del Perú a buscar un futuro mejor casi en cualquier parte.
Gracias a dos amigos de APOYO, Gianfranco Castagnola y Pierina Pollarolo, pude usar algo que en esa época era un tesoro: una computadora personal. En esa PC - XT de 256 K, con el procesador de textos Word en su versión 1.0, redacté mi tesis, con la asesoría técnica de Gianfranco, quien se recuperaba de una hepatitis y que podía ser consultado a gritos de un lado al otro de su departamento.
En ese entonces no existía Windows, usábamos el DOS. Otras cosas no existían, pero por culpa del gobierno: electricidad continua, agua potable, cigarrillos importados, crédito, viajes por tierra a provincias. Vivíamos de toque a toque, fumábamos Premier, tomábamos cerveza o vino chileno de contrabando, tener carro era un lujo y las conversaciones giraban en torno a posibles destinos para estudiar fuera del país.
Al final, lo logré. Casada y graduada partí de inmediato a Austin y no estuve para ver a Abel Salinas soltar el paquetazo de 1988, que significó 100 por ciento de inflación en un día. Tampoco estuve el día en que el agua de Lima se convirtió en desagüe, felizmente, aunque hasta hoy creo haberlo vivido de tanto escucharlo.
Meses después, cuando terminaba la maestría y contra el mejor consejo de amigos y familia, decidimos regresar al Perú. Desde ese entonces he sentido siempre que soy peruana por nacimiento y por opción.
Me preguntan qué espero para los próximos 25 años. Espero lo mejor y me preparo para lo peor, lo que confirma mi peruanidad. Lo mejor puede ser que en los próximos 25 años el Perú se integre económicamente al mundo y que tenga instituciones democráticas estables, lo que significa un cambio, ese sí, revolucionario. Aunque la verdad podría contentarme con menos, por ejemplo vivir en una ciudad en donde se pueda usar cartera sin temor al asalto o en donde el tráfico sea ordenado. Lo peor pueden ser muchas cosas, sociedades ciegas, políticos burocratizados, desastres naturales. Pero las concretas son las que afectan a las personas. Por eso a éste y a los próximos gobiernos un pedido para el futuro: no toquen los fondos de jubilación.
Jaime Bayly, escritor y periodista
Cuando se fundó APOYO tenía 12 años, estudiaba en el Markham, vivía con mis padres en Los Cóndores y me excitaba con los libros de Salgari y los goles de Cristal. A esa edad no pen-
saba en el futuro del Perú. El único futuro que ocupaba mi mente era el del Cristal, que también era el mío.
Pasaron 13 años y llegué a mis 25 en 1990, cuando además de entregarme con pasión a las noches afiebradas del Nirvana, apoyé con entusiasmo la candidatura presidencial de Mario Vargas Llosa mientras hacía un programa de televisión en Lima, vivía solo en Miraflores, y soñaba con ser un escritor. Ese mismo año los peruanos eligieron como presidente a Fujimori y pensé que habían cometido un grave error al rechazar la candidatura de Vargas Llosa. Creía que el futuro del país era incierto y que yo tenía que irme para atreverme a escribir la novela que me atormentaba.
Ahora veo al Perú con cariño. Tu país es como tu familia: puede ser atroz, bárbara y disfuncional, pero no puedes evitar quererla. No creo, sin embargo, que las cosas cambien demasiado. Ojalá mejoren, pero tengo mis dudas.
Aldo Shiroma Uza, escultor
En 1977 mi meta más importante era poder caminar sin caerme, mirar ese sitio enorme llamado casa, y recorrer sus pasillos, cuartos y escondites.
Muchos años después, inmerso en clases, utopías y esculturas, mi panorama comenzó a dar giros y volteretas circenses.
Así, llegué a mis 25 años en los tiempos de renovar o quizás despertar las ilusiones y creer de pronto en el cambio. Salir a las marchas, con cierto temor y escepticismo, pero conmovido por el hecho de aplicar por primera vez el derecho de exigir respuestas claras. Ese año, como todos recordamos, fue un tiempo de aguas revueltas. El televisor nos entregaba a diario una raya más del tigre (que para estas alturas del partido era pantera): búsquedas y fugas, golpes de pecho y lágrimas tardías por los videos, cuantiosas sumas de dinero con las que se hacía la burda comparación de ¿cuántos autos se compra este tipo con eso? Pero se compraba cosas de menor valía, la conciencia de esas personas, y algo más grave: la capacidad de utilizar la televisión para embrutecer.
Mis perspectivas en ese momento eran caóticas. Artista casi recién salido del cascarón, intentando mantenerme en pie y pagando las cuentas de vivir. Tenía un constante conflicto interno entre mi escepticismo y las ansias de creer que las cosas comenzarían a mejorar, o por lo menos comenzarían ¿no? Pensaba que en 25 años podría contarles a mis hijos cómo era el Perú en mis tiempos, a sabiendas de que sonaría como un viejo chocho, pero con la esperanza de que la bonanza en la que nos encontraríamos (¡son 25 años!) provocara que duden de mi salud mental.
Han pasado apenas un par de años desde ese momento y mantengo los ojos (rasgados por herencia genética) muy abiertos y los oídos muy atentos a las canciones de cambio, las panderetas y comparsa (no me las trago ni con gaseosa). Ahora todos, todos pero todos, lucharon por la democracia.
En este momento veo caer castillos de naipes por todos lados, se siente el descontento ante las innumerables promesas, y existe una suerte de entendimiento fraternal entre los ciudadanos y el cuy de tómbola.
Pero quiero creer que en el Perú se gesta una conciencia nueva, menos crédula pero más justa y consecuente. Un pensamiento colectivo de responsabilidad y respeto por quien está a nuestro lado y por nosotros mismos. Caso contrario, dentro de 25 años seguiremos aplicando la agotadora capacidad de volver elástico el sólido metal con el que está fabricada nuestra moneda. Y mis hijos no dudarán de mi cordura, verán las mismas atrocidades (u otras peores, en las que no pienso agotar mi imaginación) y padecerán de éstos y tantos otros dolores.
En resumen, el futuro está en nuestras manos y nos espera a la vuelta de la esquina con risa socarrona y dispuesto a hacernos perder el equilibrio. Es cierto que muchas cosas cambiaron desde 1977, pero irreductiblemente mi meta sigue siendo caminar sin caerme tanto, conocer este país enorme y recorrer sus pasillos, cuartos y escondites.
Vanesa Robbiano, actriz
Definitivamente algo andaba mal en el Perú cuando estaba entrando a la mitad de mis 20. En San Marcos, donde estudiaba sociología, el ejército se paseaba por la universidad con ojo vigilante. En la televisión, el medio donde trabajo, los programas ""basura"" y los noticieros eran cortinas de humo que ocultaban lo que verdaderamente sucedía: la dictadura.
Todo esto me abrió los ojos. Yo había votado por Fujimori en 1995 ,en mi primera elección, y hasta allí pensaba que todo estaba bien.
Empecé a manifestar mi disconformidad con lo que sucedía a través de un sindicato de actores que formé junto con un grupo que luego se disolvió. En ese momento me preguntaba "¿qué pasa con nosotros que tenemos miedo?".
Después llegaron las marchas universitarias, de las que fui parte a pesar de la desaprobación de mis empleadores. Luego me sumé al Colectivo Sociedad Civil, formado por diversos artistas y que luchaba a favor de la democracia y de la NO reelección de Fujimori. Allí terminé de definir el verdadero significado de valores y conceptos como democracia, libertad, justicia y patria. Además encontré la manera de expresarme como ciudadana. Nuestra lucha fue simbólica, lavamos la bandera, velamos la ONPE y dejamos simbólicas bolsas de basura en las casas de ciertas ""autoridades"".
En ese momento de lucha en el que sentía que estaba haciendo algo por mi país, que era parte de algo más grande, y que los peruanos estábamos por fin unidos, mi vida estuvo llena de significado.
En el gobierno de transición Paniagua gobernó bien y con transparencia. Tenía la esperanza de que Toledo hiciera mejor las cosas y nos sorprendiera. Ahora sólo nos queda esperar y darle tiempo.
No pasó mucho hasta que la vida me llevó por otro camino. Dos meses antes de cumplir 25 me fui a estudiar actuación a Argentina, en donde estoy actualmente desde hace un año.
Pero a pesar de todo, yo nuevamente apuesto por mi país. Aunque las cosas en el Perú son lentas, no hay oportunidades, y nada parece avanzar, hay que salir para volver. Siempre hay que salir para volver. Al fin y al cabo, sólo en el Perú me siento en casa, es algo mío.
Si me preguntan dónde me veo en los próximos 25 años, me veo en el Perú, trabajando. No sé si las cosas serán muy diferentes, pero quiero imaginar que serán mejores, que habrá más trabajo, la gente bajará menos la cabeza y luchará más por su libertad. Creo que aún hay mucho por hacer, y me gustaría trabajar en eso, en levantar la autoestima peruana. Porque el Perú es grande, los peruanos somos grandes, y tenemos que descubrirnos y reconocernos.
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Es Noticia, Mujeres violentadas sexualmente, ¿sin derechos? - 03/03/2011 11:15:35
"Publicado en AditalMiles de mujeres peruanas, que fueron violentadas sexualmente durante el conflicto armado que sacudió este país entre la década de los ochenta y 2000, corren el riesgo de quedar fuera del Sistema de Reparaciones del Estado, en virtud a un informe del Ministerio de Justicia que aduce que la violencia sexual no está contemplada como delito por el Código Penal peruano.
De esta manera, el citado ministerio -que está dirigido por una mujer, la Dra. Rosario Fernández- se opone, en la práctica, a incluir como víctimas y beneficiarias del Plan Integral de Reparaciones a las mujeres que, sin haber sido violadas, sufrieron otros tipos de violencia sexual durante esos años, lo cual ha despertado una ola de protestas entre los expertos en derechos humanos.
La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos recordó, en un pronunciamiento público, que según la Ley del Plan Integral de Reparaciones "no es condición ni requisito para acceder a las reparaciones por la grave violación de derechos humanos que los hechos que la ocasionaron se encuentren tipificados como delitos".
Asimismo, subraya que los crímenes de violencia sexual son reconocidos como de lesa humanidad por el Estatuto de la Corte Penal Internacional. Son considerados actos de violencia sexual el embarazo forzado, el aborto forzado, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, la desnudez forzada, las uniones obligadas, entre otras acciones que coactan la libertad sexual.
"Creemos importante distinguir entre procesos de justicia y sanción, en los que se individualiza a los responsables de los crímenes a través del correspondiente proceso judicial por caso; de los procesos de reparación, dirigidos a la dignificación de la persona", precisa la Coordinadora y añade que no existe una razón valedera para dejar sin reparación a miles de mujeres que sufrieron ataques criminales.
En el Registro Único de Víctimas se encuentran inscritas 1,150 mujeres violadas sexualmente y otras 122 figuran como víctimas de otros tipos de violencia sexual. Además, el Consejo Nacional de Reparaciones ha recibido 697 solicitudes de mujeres que se consideran violentadas sexualmente. No obstante el propio Consejo reconoce que el número de víctimas es mucho mayor y el número exacto resulta imposible de saberse.
Rocío Silva Santisteban, Secretaria Ejecutiva de la Coordinadora , dijo a SEMlac que muchas de esas mujeres aún ahora, 30 o 20 años después de esos sucesos, no se atreven a decir en voz alta que fueron sometidas de esa manera "o incluso no saben siquiera que "eso que les hicieron" es un delito".
En su opinión, el argumento ofrecido por el Ministerio de Justicia es rebatible pues si bien la violencia sexual no está contemplada como tal en el Código Penal, está reconocida en normas y convenios suscritos por el Perú, como la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer y Convención sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.
"Más allá de las implicancias jurídicas, el punto central es que nuestro país como nación debe reconocer con vergüenza, pero con firmeza, que instituciones del Estado como ciertos sectores de la Policía y las Fuerzas Armadas, usaron muchas veces a las mujeres como objetos de estas prácticas", denunció Silva Santisteban en su columna de opinión en el diario La República.
"El término "pichanear" que se recoge, por ejemplo, en muchos testimonios de hombres y mujeres en zonas como el Huallaga, significa que los soldados debían "barrer" a las mujeres, en otras palabras, violarlas en masa", agregó.
"El término "pichanear" se entendía -según el Protocolo para Investigación de Casos de Abuso Sexual- como la acción de permitir que toda la tropa viole a una sola mujer. Esta práctica no ha sido aislada, sino, para congoja de todos, bastante común durante las patrullas en zonas de la selva", continúa el artículo.
"¿El ejército debe encubrir a esos malos soldados? Eso implicaría que las Fuerzas Armadas como institución justificarían estas prácticas. Y aunque parezca doblemente increíble, pues resulta que sí, que algunos soldados y oficiales sostienen que, debido a la incontrolable sexualidad masculina, los soldados tenían que "desfogarse" y que eso debería ser entendible. Esta justificación, en realidad, lo que hace es animalizar a la tropa", añadió.
Por su parte la ONG Demus, de defensa de los derechos de las mujeres, dijo que no se deben hacer distingos en el otorgamiento de las reparaciones y que, además, no deben ser solamente económicas, sino simbólicas y colectivas, es decir en educación y salud.
Diana Portal, abogada de Demus, dijo que el informe del Ministerio de Justicia es otra prueba de la insensibilidad mostrada por las autoridades del Estado para atender a las víctimas de las distintas formas de violencia sexual, incluida la violación.
Señaló que 146 mujeres víctimas de violación sexual que estaban inscritas en el Registro ya han muerto sin ver alcanzada la justicia que les correspondía.
"¿Cuánto más tenemos que esperar para que las mujeres vulneradas en su integridad sexual puedan recibir una reparación integral que contemple la atención a su salud mental, montos económicos y acceso a la educación para sus hijos e hijas?", se preguntó.
El estado peruano ha destinado 20 millones de soles (unos 7.2 millones de dólares) por concepto de indemnizaciones a las víctimas de la violencia política y con el fin de determinar todos los aspectos operativos de la entrega, desde los montos, hasta las víctimas y los sectores prioritarios, conformó una Comisión Multisectorial de Alto Nivel (CMAN) que fue la que solicitó al Ministerio de Justicia su opinión para incluir también a las mujeres víctimas de violencia sexual.
De momento, la CMAN no se ha pronunciado oficialmente sobre el pronunciamiento del Ministerio de Justicia.
En cuanto a la fecha de inicio de la entrega de las reparaciones, su secretario ejecutivo, Jesús Aliaga, adelantó a la prensa que aún no hay una decisión tomada pues ello corresponde al Presidente del Consejo de Ministros, luego de lograrse el consenso entre los miembros de la CMAN.
Sin embargo, Aliaga afirmó que se comenzará por los adultos mayores de las zonas rurales, tomando en cuenta que según la comisión técnica, tres de cada cuatro víctimas del conflicto armado fueron campesinos pobres quechua-hablantes de la región andina.
Ha trascendido también que en cuanto a los montos, la comisión técnica opina que deben ser homogéneos para todas las víctimas, independientemente del hecho cometido, para evitar resentimientos.
En el plano legal, a las mujeres violadas durante los años de la guerra civil tampoco les va mejor. Desde que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación presentó su informe en 2004 hasta la fecha, ningún militar ha sido sentenciado por violación sexual y solo dos tienen una causa penal abierta, de un total de 538 casos identificados por la Comisión.
Sin embargo, esa cifra prácticamente se ha triplicado con el paso de los años pues actualmente en el Registro Único de Víctimas hay inscritas 1,150 mujeres violadas en 15 de los 24 departamentos en los que se divide el país, lo que confirma que la vejación sexual en todas sus variantes fue un arma de tortura usada con frecuencia por ambos bandos en conflicto contra las mujeres, algo que el Ministerio de Justicia parece negarse a reconocer en todos sus alcances.
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