Que opina usted? La seguridad ciudadana perdió 5 años - 25/02/2014 11:03:07
"Este balance se realiza con la intención de sacar valiosas lecciones de la experiencia positiva o negativa que tuvieron los seis ministros del Interior del gobierno del ex presidente Alejandro Toledo.Sin duda alguna, esa cartera no solo es pilar fundamental y constituye la base para una sociedad saludable y exitosa, sino que es una de las más complejas y difíciles de dirigir.
El Gobierno de Alejandro Toledo Manrique tuvo seis ministros del Interior: Fernando Rospigliosi Capurro (periodista, dos veces), Gino Costa Santolaya (abogado), Alberto Sanabria Ortiz (abogado), Javier Reátegui Rosselló (abogado), Félix Murazzo Carrillo (teniente general PNP y abogado) y Rómulo Pizarro Tomasio (administrador de empresas).
Los ministros mencionados trataron de solucionar el problema de la inseguridad ciudadana, pero todo quedó en buenos intentos, pues hoy somos testigos de que el país sigue siendo un laboratorio experimental de fórmulas fallidas e intentos infructuosos en cuanto a esa problemática.
En ese sentido, resulta habitualque cada ministro, después de asumir el cargo, intente bajar o controlar los altos índices delictivos a su manera, incluso, borrando todo lo que hizo el antecesor. ¡Craso error!
Reforma fallida. Cuando se nombró al periodista Fernando Rospigliosi como jefe de esa cartera, algunos "especialistas" se mostraron sorprendidos y dubitativos si un periodista podría dirigir con acierto un portafolio que se caracterizaba porque durante una década fue el "búnker" de los militares, los mismos que imprimieron su sello personal, dejando la sensación de que solo un militar podía dirigir ese ministerio.
En sus comienzos Rospigliosi se hizo asesorar por especialistas de la policía y poco a poco, en su condición de gran polemista, agudo analista político y contando con el apoyo de su gremio, endureció su posición conforme aumentaba la resistencia de diferentes sectores contra el Gobierno y frente a las críticas del régimen se convirtió en el "parachoques" de la gestión toledista.
En su intento por cambiar la situación y por sugerencias de sus asesores, el periodista puso atención y toda su energía en llevar a cabo la reforma policial como tarea urgente e insoslayable que la población reclamaba, pues después de una década del fujimontesinismo, el Ministerio del Interior y la Policía Nacional quedaron "contaminadas" por el militarismo y la corrupción.
La situación exigía cambios radicales para acercar a la policía con la población, quitarle los atisbos de militarismo, acabar con el secreto en el manejo presupuestario y volverla productiva y competitiva .
Para concretar esa reforma policial se creó la Comisión Especial de Reestructuración, convocando a destacados profesionales, líderes de opinión y policías de los cuatro códigos (exGuardia Civil, exPolicía de Investigaciones, exGuardia Republicana y Sanidad).
Aquella comisión empezó su trabajo con gran expectativa, pero al final terminó perdiéndose en el camino, al igual que la esperada reforma.
Incluso, uno los especialistas cercanos a Rospigliosi, Carlos Basombrío, intentó copiar el modelo español de la Policía Comunitaria e implantarlo en un país con características tan peculiares y disímiles como es el Perú.
Un "libro verde" que duerme en las bibliotecas de la PNP es el mudo testigo de este infructuoso intento que demandó energías, tiempo y dinero.
De ese intento de reforma nos quedó una institución que empezó a engordar convirtiéndose en elefantiásica.
Riñas internas. El 20 de junio de 2002, Fernando Rospigliosi, al terminar de leer una carta en la que trataba de convencer que él jamás había agraviado al pueblo arequipeño.
Renunció al cargo y el 14 de septiembre de 2002 es reemplazado por su viceministro y abogado, Gino Costa Santolaya, en medio de un ambiente de escándalos por innumerables casos de corrupción cometidos por policías en actividad y que eran publicadas en la prensa.
En su discurso de entrada, el nuevo ministro prometió combatir de manera implacable los actos de corrupción en la PNNP. En diciembre de ese año apareció una encuesta que reveló que la Policía era considerada la segunda institución más corrupta del país.
Ante eso, la gestión de Costa decidió sacar el siguiente lema: "¡No, señor, a la policía se le respeta!".
Gino Costa llevó a cabo una de las más grandes podas a finales de ese año: se invitaron al retiro a 322 policías utilizando el sambenito de "renovación". Como consuelo, Costa dijo a los medios que "si bien es cierto se iban muchos policías, también se estaba ascendiendo a 711 agentes".
La poda y los ascensos de ese año causaron el deterioro paulatino de las relaciones entre el ministro y el director general de la PNP, José Tisoc Lindley, hasta el punto que esas discrepancias se hicieron públicas.
El entorno de Costa consideraba que la molestia de Tisoc Lindley se debía a que uno de sus oficiales de confianza había sido sacado de la lista de propuestos para ascender de coronel a general, situación que lo llevó a tomar la decisión de poner su cargo a disposición y solicitar su pase al retiro, generándose una crisis interna que culminó con la intervención del mismo presidente Toledo quien puso "orden en la casa".
Ratificó su confianza al ministro e hizo un llamado al "rebelde" Tisoc para que se subordine.
El 27 de enero de 2003, al enterarse que su cartera había sido colocada al mejor postor, Gino Costa presentó su dimisión irrevocable, sumándose a él otros funcionarios como: Carlos Basombrío, viceministro del Interior, Susana Villarán, defensora del Policía y Fernando Rospigliosi, el director del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI).
De esta manera se alejó del gobierno la izquierda independiente, dejándole espacio a la línea partidaria de Perú Posible.
Efímero Sanabria y regresa Rospigliosi. Apenas se fue Gino Costa, entró en su reemplazo Alberto Sanabria Ortiz, abogado y antiguo militante de Perú Posible. Su paso fue bastante efímero, pues ni bien asumió esa cartera le empezaron a llover una serie de denuncias de todo calibre con la intención de descalificarlo como titular del portafolio.
Entre las más graves estuvo el cobro de doble sueldo, beneficiándose con una resolución aprobada por el general EP (r) José Villanueva Ruesta, cuando este fue director general de Gobierno Interior.
Ante la presión de la prensa y la opinión pública, Sanabria Ortiz se vio obligado a renunciar, ingresando en su reemplazo, por segunda vez, Fernando Rospigliosi, pese al malestar que este nombramiento causó en el pueblo arequipeño.
Lo primero que hizo Rospigliosi fue relevar al teniente general PNP Eduardo Pérez Rocha del cargo de director general de la PNP, invitarlo al retiro y nombrar en su reemplazo al general PNP Gustavo Carrión Zavala.
El hecho de haber sido nombrado dos veces como ministro del Interior infló su ego, empezó a sentirse indispensable, un predestinado para el cargo y cometió gruesos errores que lo llevaron a generar conflictos en las entrañas del gabinete y hasta tuvo algunos encontronazos con el presidente Toledo.
Rospigliosi estaba tan seguro de sí mismo que no tuvo la intuición de renunciar antes como ministro del Interior, confiado en que no iba a ser censurado por el Congreso por el hecho de no haber podido evitar el ajusticiamiento del alcalde del distrito de Ilave, Cirilo Robles.
El 5 de mayo Rospigliosi fue censurado y quedó en el ambiente la percepción de que el mismo Toledo le había bajado el dedo.
Papa caliente. Tres días después de la salida del periodista, es designado jefe de esa cartera Javier Reátegui Rosselló, empresario del entorno del presidente Toledo y uno de los fundadores de la Chakana.
Como sucedió con sus antecesores, Reátegui estaba muy lejos de ser el ministro ideal que se requería para ese portafolio.
En los pasillos políticos se rumoreaba que su elección obedecía a que nadie quería tomar ese puesto porque era una "papa caliente "y que el titular de Interior era un "ministro bisagra un "todoterreno".
Todos los ministros y directores generales de la PNP, después de Fernando Rospigliosi y Gino Costa, arrastraron la odiosa, pero infaltable comparación, con sus gestiones.
Esto se debió a que de manera inteligente y astuta ambos dejaron la falsa estela, un tanto inflada por sus amigos incondicionales del gremio de periodistas y la "izquierda caviar", de que habían sido los mejores ministros en manejar los temas de la reforma policial y la
seguridad ciudadana.
Entonces, cada vez que entraba un nuevo jefe de cartera, cargaba con la cruz de superar a Rospigliosi y Gino Costa.
Traiciones. Cuando Reátegui dejó el ministerio sin pena ni gloria, lo reemplazó el general PNP Félix Murazzo Carrillo, quien dejó de lado el término "reforma policial" y empezó a usar el de "modernización de la policía".
En su gestión ministerial fue acompañado por el general PNP Marcos Miyashiro Arashiro (como director general PNP) y por primera vez en la historia policial, el ministerio y la Policía eran manejados por dos "código 2" (ex PIP).
A los pocos meses empezó una implacable y persistente campaña de desprestigio contra Murazzo a través de la prensa para traérselo abajo.
Tuvo que ir a dar explicaciones al grupo de trabajo de la Comisión de Defensa del Congreso que investigaba el supuesto seguimiento policial al propietario de Frecuencia Latina Baruch Ivcher.
Murazzo Carrillo tardó mucho en darse cuenta que detrás de esa soterrada campaña se tejían hilos invisibles que venían desde la época en que formó parte de un equipo de investigación en el Caso "El Padrino" (1985).
En las sombras maquinaban tumbárselo las "serpientes de larga memoria"(enemigos que nunca olvidan). Uno de sus principales colaboradores, amigo y asesor personal, el mayor PNP (r) Juan Gaviria, quien había trabajado con él en INTERPOL.
Durante el gobierno de Alberto Fujimori, aseguró que su exjefe estaba vinculado al SIN, lugar donde se había reunido con el almirante Rosas y Vladimiro Montesinos.
Para poner paños fríos a este tema, Félix Murazzo fue reemplazado por Rómulo Pizarro Tomasio, administrador de carrera, dirigente de Perú Posible y exjefe de campaña del presidente Toledo.
Cuando ingresa el que sería el último ministro del Interior, el diagnóstico del sector arrojaba una bajo nivel de confianza de la población respecto a la policía.
Elevada percepción de inseguridad ciudadana, pocas acciones concretas e integrales en esa materia, deterioro y casi nulo mantenimiento del parque automotor, escaso sistema de información para visualizar focos y ámbitos de la delincuencia, problemas de transparencias y corrupción (combustibles, medicinas , adquisiciones, etc.)
Remuneraciones congeladas en la policía, deudas de vacaciones, viáticos y otras deudas impagas, etcétera.
Conclusión. Haciendo un balance de la gestión de los cinco ministros antes mencionados, podemos extraer algunas situaciones comunes que se les presentaron a todos ellos: todos encontraron al ministerio con un déficit presupuestario que fluctuaba entre el 31% al 43%, y el 90% del presupuesto era utilizado para cubrir la planilla y las obligaciones.
Asimismo, la Policía carecía de autoestima, tenía mala imagen, existía un déficit en cuanto a recursos humanos (en el 2001 eran 93,823 efectivos en situación de actividad, actualmente deben ser menos de 90 mil efectivos), 571 millones de soles era la deuda que tenía la PNP, entre los que se incluye la deuda de 150 millones de soles con los proveedores, y el parque automotor tenía casi 20 años de antigüedad.
Los agentes del orden estaban desmotivados por los retrasos y manejo irregular de los ascensos, la labor policial subvaluada y sometidos a injustos castigos y desprotección en el derecho de defensa, cuando incurrían en delitos por cumplimiento de la función.
Soportaban una baja calidad de vida y bienestar, problemas de racionalización y rotación adecuada del personal de acuerdo a su especialidad, escasos recursos logísticos, falta de capacitación y carencia de perfiles profesionales y académicos, así como una inacabada reforma policial.
Al final del quinquenio del gobierno de Alejandro Toledo, la Policía Nacional continuaba siendo una entidad incompetente, improductiva y canibalizada por otras instituciones.
Sin lugar a dudas, aquel fue un quinquenio y hoy estamos pagando las consecuencias por ello.
Foto: Difusión.
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Que opina usted? Flamante director de Inteligencia del Ministerio del Interior trabajó en el SIE - 18/08/2011 7:34:34
" Designan al coronel ep (r) Eduardo Arbulú Gonzales. Arbulú se desempeñó como gerente de Desarrollo Social de la alcaldesa fujimorista de la provincia de Piura, Mónica Zapata de Castagnino.Ángel Páez/Doris Aguirre.
El coronel del Ejército en situación de retiro, Eduardo Arbulú Gonzales, ha sido designado como titular de la Dirección General de Inteligencia del Ministerio del Interior (Digimin), uno de los componentes más importantes del Sistema Nacional de Inteligencia (Sina).
Arbulú, oficial del arma de Caballería, pertenece a la promoción Teniente Coronel Pedro Ruiz Gallo, de la Escuela Militar de Chorrillos, que se graduó en 1968. Con el grado de coronel, Arbulú pasó al retiro en 1996.
Con el nombramiento del coronel Eduardo Arbulú, regresan los militares a la conducción de la Digimin. Entre 1991 y 2000, durante el régimen de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, los titulares de la Dirección General de Inteligencia del Ministerio del Interior fueron generales del Ejército: Tomás Castillo Mesa, Luis Chacón Tejada, César Solari Pacheco, Abraham Cano Angulo y Luis Monard Avendaño. Todos digitados por Montesinos.
Con el retorno de la democracia, los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García nombraron en la Digimin a generales en actividad y en retiro de la Policía Nacional. Una década después, por disposición del presidente Ollanta Humala, un oficial en retiro del Ejército conducirá la Digimin.
El coronel Eduardo Arbulú trabajó en el Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE). En 1991, fue asignado como jefe de Inteligencia del Destacamento Leoncio Prado, en Tarapoto, departamento de San Martín.
Entre 1995 y 1996, Arbulú actuó como comandante de la Primera Brigada de Artillería Coronel José Inclán, en Piura.
Al ser preguntado sobre sus actividades en el Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), en un periodo crítico como en los años 90, el coronel Arbulú le dijo a La República: "No recuerdo en qué años trabajé en el SIE. Lo único que puede decir es que la última unidad donde serví fue en Piura".
En el 2008, al fallecer el alcalde provincial de Piura, José Aguilar Santisteban, lo reemplazó la teniente alcaldesa Mónica Zapata de Castagnino. Ella es quien designó como gerente de Desarrollo Social al coronel en retiro Eduardo Arbulú Gonzales.
En las elecciones municipales del 2010, Zapata postuló a la alcaldía provincial de Piura por el partido fujimorista Fuerza 2011.
Arbulú participó activamente en la campaña de Mónica Zapata, quien no logró alcanzar la victoria. El coronel Arbulú tuvo que terminar sus funciones en diciembre del 2010.
"Yo me dedico a mi empresa editorial Sagitario. Publico libros", señaló Eduardo Arbulú, muy parco: "Hoy (ayer) recién asumí funciones en la Digimin. Reforzaremos el organismo en la lucha contra la delincuencia común", señaló: "Por eso hemos iniciado una evaluación de todo el personal".
Especialista en inteligencia militar
El coronel EP (r) Eduardo Arbulú Gonzales intervino como testigo en el proceso contra los integrantes del Destacamento Colina" por la matanza de La Cantuta.
En esa ocasión, Arbulú declaró sobre las funciones del SIE: "El Servicio de Inteligencia del Ejército, como un elemento ejecutante de la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dinte), también organiza destacamentos y puestos de inteligencia. Cuando elementos de inteligencia trabajan en la clandestinidad se formula un plan de operaciones y en ese plan de operaciones se establece la misión".
El propósito de la Dirección General del Ministerio del Interior (Digimin) es obtener "inteligencia estratégica" para que el titular del despacho del Ministerio del Interior adopte medidas adecuadas, en ámbitos como crimen organizado, seguridad ciudadana, conflictos sociales, etc.
Los elementos operativos de la Digimin son efectivos de la Dirección de Inteligencia de la Policía Nacional (Dirin). Se estima que el personal de la Digimin alcanza los 250 elementos.
El último jefe de la Digimin fue el general PNP Teddy Bartra Arévalo, quien ahora es titular de la Dirección de Operaciones Policiales (Direop).
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