lunes, 23 de junio de 2014

Perú: ¿Porque Ollanta Humala reprime al Movadef? y ¿Dulces 25?

Información: Perú: ¿Porque Ollanta Humala reprime al Movadef? - 13/05/2014 11:58:52

" Con el Movimiento de Amnistía y Derechos Fundamentales (MOVADEF) está ocurriendo algo parecido a lo que ocurría al comienzo y mediados del siglo XX con el Partido Aprista Peruano (Apra). Esta organización desde su nacimiento en 1924 había adoptado una proclama "anti oligárquica y antiimperialista", pero en los hechos (hasta la actualidad) su política era servir a los intereses políticos y económicos de terratenientes, la oligarquía y el imperialismo. Ni su discurso anticomunista, ni sus correrías traidoras salvo al Apra de la violencia y represión a la que fue sometida algunas veces por sus propios aliados en el poder.
El Movadef por su parte de se dice marxista-leninista-maoísta, pero sin embargo se ha insertado en la podredumbre política del Perú oficial. Participa en el fraude electoral, y exige una "reconciliación nacional" y hasta el perdón de los más abominables crimínales de guerra. En las últimas elecciones presidenciales del 2011 se puso a la cola del militar Ollanta Humala quien ahora los reprime sin ninguna consideración al apoyo que recibió de este grupo.
La represión contra el movadef ordenada por Ollanta Humala se ejecutó el jueves 10 de abril. Su objetivo ha sido descabezar esta organización. Su principales dirigentes, 27 en total en la que se incluye al abogado Alfredo Crespo, fueron recluidos en prisión preventiva. "Perseo 2014" se denominó cinematográficamente este operativo policial-militar. La fanfarronada del gobierno se expresó por boca de Ollanta Humala y del ministro del Interior. El presidente peruano manifestó que la detención de los dirigentes del Movadef se hizo bajos los cargos de "integrar una agrupación terrorista y de recibir financiamiento del narcotráfico".
Walter Albán Peralta, ministro del interior del gobierno, dijo que el operativo "Perseo 2014" ha sido un "duro golpe al terrorismo, en este caso haciendo frente a lo que implica la organización del Movadef como una instancia creada o generada por el partido Sendero Luminoso para precisamente hacer una labor en la sociedad civil"". El 25 de abril la fiscalía antiterrorista determinó mantener en prisión a cinco, de los 27 dirigentes del Movadef detenidos, entre ellos Alfredo Crespo a quien desde algunos años los jueces lo habían acusado de pertenecer a una "organización terrorista". Los otros dirigentes de esta organización quedaron en libertad restringida con arresto domiciliario y comparecencia ante los jueces.
Ilegal represión y negación de la memoria.
Primero. La represión contra el Movadef es ilegal y viola las más elementales leyes de este país. Esta acción policial no tiene la más mínima relación con la actividad pacífica de esta organización. El Movadef, como se conoce, es la versión electorera de Sendero Luminoso después de su traición a la lucha armada en 1992. Este grupo no es peor ni mejor que esa lacra peruana que conforma la izquierda legal. Juntar terrorismo y narcotráfico para acusar a este grupo, es un viejo método policial en Perú. Entre 1980 y 2000 los más abominables crímenes de los gobiernos y las fuerzas armadas contra la población civil se encubrieron bajo acusaciones semejantes. Bastaba sindicar a alguien como terrorista -narcotraficante, para que la persona fuera reprimida, secuestrada y asesinada. Ollanta Humala, no ha cambiado absolutamente en nada este método.
El Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (MOVADEF) no es una organización política "terrorista" o subversiva. Su actividad es legal y electorera, y contribuye a mantener el sistema político corrompido de este país. Oficialmente este grupo se fundó en noviembre del 2009, y nunca ha salido de los marcos de la legalidad del sistema político y jurídico del Perú. Se ha insertado, de la misma forma que lo hacen los peores partidos políticos del medio oficial en campañas electorales que como se conoce son digitadas desde los cuarteles militares. En ciertos aspectos de la política peruana se ha ubicado en la derecha de la izquierda legal, sobre todo en lo relacionado al pedido de amnistiar y liberar a militares criminales de guerra.
Los planteamientos reformistas del Movadef sirven a los grupos de poder y a los partidos políticos del Perú. Avala el circo electoral y concilia hasta con el fujimorismo cuando en su exigencia de amnistía general, aparte de pedir la liberación de los presos de Sendero, incluye a Alberto Fujimori y altos militares incursos de cientos de asesinatos. Así Alfredo Crespo (6 de octubre 2012) anunció: "no estamos en contra del indulto a Alberto Fujimori porque consideramos que (si se le concede) se abriría una puerta para la reconciliación nacional".
En las elecciones de abril 2011 el Movadef sostuvo la candidatura electoral del militar Ollanta Humala y con ello facilitó la entronización de un régimen reaccionario y pro imperialista. En las elecciones municipales del 2010, el Movadef sostuvo la campaña electoral de Susana Villarán quien fue la candidata de un sector de la derecha y de la llamada izquierda del Perú. Esta "compañera" como la denominaría Alfredo Crespo, llegó al municipio con el apoyo del Movadef. En octubre del 2012, esta alcaldesa de "izquierda" en combinación con Ollanta Humala ordenó una violenta represión contra los pequeños comerciantes de La Parada (viejo mercado mayorista en el distrito obrero de La Victoria). El saldo fue cuatro muertos y más de 100 heridos y centenas de trabajadores detenidos.
Posteriormente, en marzo del 2013, sin tomar en cuenta la impopularidad de la tal Susana Villarán el Movadef se movilizo para defender en su cargo a la alcaldesa de "izquierda". Su revocatoria en el cargo era exigida por la gran mayoría de la población de Lima. Según el Movadef revocar de su puesto a Susana Villarán, no contribuía a la democratización de la sociedad peruana, por eso dijo Alfredo Crespo, los 360 mil adherentes del Movadef serían un factor para definir las elecciones a favor de Susana Villarán, y que su apoyo surgía de "una posición de principios". Hay que recordar que Susana Villarán, aparte del apoyo de la izquierda legal y del Movadef, tuvo el respaldo de los personajes más representativos de la derecha peruana, como Mario Vargas Llosa, Pedro Pablo Kuczynski, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, etc.
La "posición de principios" del Movadef para defender a Susana Villarán, rápidamente se convirtió en posición cómplice de una feroz represión contra los trabajadores de La Parada, quienes una vez más fueron atacados violentamente por la alcaldesa de "izquierda" de Lima. El 14 de marzo, Susana Villarán quien se había comprometido a dialogar con los vendedores de La Parada, ordenó que la policía y 500 agentes de Serenazgos (civiles que fungen de policías de la municipalidad) iniciaran violentamente el desalojo de los vendedores de este mercado popular. Las víctimas de esta vandálica acción, calificaron a la alcaldesa de ser "una mujer que no quiere a su pueblo". Una vendedora de este mercado dijo: "La alcaldesa nos maltrata, nos trata como cualquier "cucaracha, tiene un corazón de piedra, no tiene corazón".
Segundo. La represión ordenada por Ollanta Humala se inscribe en el plan estratégico del Estado y las fuerzas armadas para borrar de la memoria del pueblo los 20 años de lucha armada. Para las clases políticas de este país el Movadef es un mal recuerdo, casi una pesadilla. Su discurso con referencias al maoísmo, es un asunto que no deja dormir ni a los políticos ni a los militares.
El delito del Movadef es utilizar un discurso donde se mesclan posiciones oportunistas y electorales y una afirmación de un camino "marxista-leninista-maoísta". El slogan marxista, así sea falso, resulta a los oídos de los militares y de los intelectuales anticomunistas (derecha e izquierda), un sacrilegio que trae el recuerdo de 20 años de lucha armada. En la historia de la lucha social peruana hay otros casos parecidos a los que ahora se reeditan en Perú. En los años 50, 60 y 70 los gobiernos de turno, civiles o militares reprimían los partidos políticos de izquierda, no porque éstos significaban una amenaza para el Estado, sino más bien porque se declaraban "socialistas y revolucionarios" y que de vez en cuanto amenazaban en el discurso con "incendiar la pradera" y dar "inicio a la lucha armada por el poder".
Fue el caso del partido comunista peruano (pro soviético) uno de los grupos más revisionistas y oportunistas, pero sin embargo muchas veces fue reprimido por sus propios aliados en el poder. Hay que recordar que Jorge del Prado uno de sus más antiguos dirigentes, se incrustó en el parlamentarismo peruano y hasta el fin de su vida nunca movió un dedo contra el Estado y el orden establecido. La misma historia se puede encontrar en lo que se llama "Patria Roja", y otros grupos que se llamaban "maoístas" y pregonaban la "lucha armada del campo a la ciudad", pero en el fondo se alistaban para trepar en el sistema político oficial.
Tercero. La represión contra el Movadef se dirige a intimidar los brotes de lucha política y sindical clasista que comienza a germinar en un terreno social y de aguda lucha de clases apto para el desarrollo de contiendas de calidad cuya perspectiva podría ser la organización de un partido revolucionario que sobrepase la experiencia traicionada por la dirección de Sendero luminoso. En este escenario, ni el Movadef, ni Sendero Luminoso, ni la izquierda legal en su conjunto, serán de la partida. Al contrario contra estos grupos, en perspectiva, se debe impulsar una lucha ideológica y política que contribuya a rescatar lo mejor de 20 años de lucha armada y a partir de ello enfrentar al Estado sus fuerzas militares y los lacayos de izquierda y derecha que defienden el sistema.
Cuarto. Es una equivocación decir que la represión contra el Mavadef prepara el terreno para una oleada represiva contra el movimiento popular. Una verdad a medias, pero su incorrección radica en que el Movadef al igual que la izquierda legal, no dirigen el movimiento popular. Las luchas sociales que estallan sucesivamente en Perú son espontaneas y si los partido oficiales se acercan a estas luchas es solamente para desviarlas, debilitarlas o llevarlas al terreno electoral. Al contrario la labor de estos grupos, incluidos el Movadef es frenar las luchas populares y sí mucho apura conducirlas a la capitulación. Además si se trata de reprimir el sector más consciente de los trabajadores y el pueblo, el gobierno así como el ejército, no tienen que "preparar el terreno". Ya lo hacen y prueba de ello son los más de 20 luchadores sociales (sindicales y populares) asesinados desde 2011 hasta la fecha por el militar Ollanta Humala por quien el Movadef hizo campaña electoral.
Finalmente habría que concluir que la represión contra el Movadef, no es tanto por el temor que este grupo reedite una lucha armada inexistente y traicionada por ellos mismos. Nada de ello. Aquí el problema es de otro tipo. Utilizar el fantasma de la subversión es útil para seguir militarizando el Perú, y entregar aún más poder a las fuerzas armadas que en la práctica es el verdadero poder detrás del gobierno de Ollanta Humala.
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Noticia, ¿Dulces 25? - 15/12/2011 0:08:37

"Artículo originalmente publicado en DEBATE N°118, diciembre 2002.

Con motivo de las bodas de plata de Apoyo, la revista DEBATE pidió a diversos personajes su testimonio de cómo celebraron sus 25 años y sus perspectivas del país desde ese entonces.

¿DULCES 25?
Personajes de distintas generaciones relatan lo que les tocó vivir a sus 25 años en etapas cruciales de nuestra historia reciente y cómo ha cambiado su visión del Perú.

Susana Villarán, alcadesa de Lima y ex ministra de la Mujer
Cumplí 25 años en Santiago de Chile, un mes antes de que se consumara el golpe de Pinochet.
El ambiente estaba cargado de amenazas. A los chilenos les era difícil imaginar que algo así ocurriría en su país. Quienes veníamos de tierras turbulentas olfateábamos el peligro en el aire. Nada, sin embargo, me quitará lo bailado: haber estudiado allí en ese momento tan único de su historia; haber criado a mis hijos pequeñitos en medio de libros, con la cabeza llena de sueños, llevándolos en hombros mientras marchábamos acompañados de las voces inolvidables de Violeta Parra, Víctor Jara y los Quilapayún.
A los 25, una se imagina que todo es posible. Sin embargo, el trágico fin de Allende, las torpezas de su gobierno y el impacto de la guerra fría, me enseñaron mucho. Aprendí que el camino de la justicia no era fácil, pero no perdí la esperanza.
Cuando surgió APOYO, hace 25 años, formaba parte de un proyecto de izquierda y esperaba a mi tercer hijo. Trabajaba mucho y vivíamos a tres dobles y un repique. Fue el año del gran Paro Nacional del 19 de julio. No me olvidaré jamás de las calles desiertas ese día, el sabor del triunfo ni tampoco del miedo y la fatiga. Fue un momento de inflexión, la izquierda y el pueblo movilizado apuraron la salida democrática y Morales Bermúdez se vio obligado a convocar a la Asamblea Constituyente. Paradójicamente, esa misma izquierda tan importante para la transición, no aprendió a valorar la democracia, moviéndose ambigua e instrumentalmente en ella.
Ha pasado mucha agua bajo los puentes desde entonces. El mundo es diferente, con oportunidades pero incierto. Nos ha tocado vivir un tiempo doloroso de guerra y salir de ella con autoritarismo y corrupción. Hemos aprendido lo que no hay que hacer en el gobierno, pero aún balbuceamos sobre lo que debemos hacer juntos para integrarlo, reconciliarlo, descentralizarlo, modernizarlo, rescatando a los pobres de la injusticia en la que viven. Creo que nos sobran capacidades y energías para ello, pero que estamos severamente afectados por la desconfianza. Es un momento de prueba.
No estaré en este mundo dentro de 25 años. Me imagino, sin embargo, a Andrea, mi nieta, viviendo en una sociedad más humana, cohesionada y menos desigual. Estoy segura de que el inconformismo se hereda.

Raúl Otero, empresario y presidente de IPAE
Mis 25 años no fueron "terribles y malditos" como los 17 de Carlitos Alegre en El huerto de mi amada, pero sí marcaron una ruda transición.
De manera abrupta e inesperada perdí la inocencia y la seguridad en mis roles de profesional y ciudadano. El facilismo de fórmulas mágicas en política y en la profesión se estrellaron con la cruda realidad. En la solución de los problemas nacionales quedaban atrás ""El Perú como doctrina"" y la cautivante retórica revolucionaria por vacías, estériles e inoperantes. Tampoco había funcionado aquello de ""ingeniero, abogado o doctor"" que me llevó a la ingeniería por la vía de mi facilidad con los números. A los 25 años no podía negar que no servía como ingeniero.
Por entonces, mi buen amigo FOZ me invitó a trabajar en un proyecto de consultoría sobre posibilidades industriales en el Perú. La trascendencia del tema, el talento joven reunido, el rigor en el trabajo y el ambiente de amistad permitían presagiar lo que sería luego APOYO, que ya sin duda se estaba gestando en la cabeza de su fundador. Este trabajo, que me ayudó a enfrentar mis frustraciones y a reorientar mi vida profesional, se convirtió en una memorable experiencia. Como en APOYO, lo hicimos bien y la pasamos rebien.
Posibilidades, el tema del proyecto, me sirve de asidero para reflexionar sobre el Perú de entonces y su futuro, y el Perú de hoy y su futuro. Posibilidades es la medida, la moneda que nos permite valorar y poner en perspectiva al país en cualquier momento. Como toda moneda, tiene dos caras, una mide los resultados logrados y la otra plantea la agenda futura. Perú 73, Perú 83, Perú 93, cualquiera da un pésimo balance respecto a lo que se hubiera esperado 25 años antes y, sin embargo, ofrece en cada período renovadas y alentadoras posibilidades para los siguientes 25. Siempre frustración y esperanza...
No recuerdo, o tal vez prefiero no recordar, lo que esperaba del Perú en 1973. Sí quiero, sin embargo, afirmar hoy mi optimismo respecto a las posibilidades futuras. Imagino al Perú en un rumbo seguro hacia un país próspero, justo, solidario y con oportunidades para todos. Como buen martillero todo lo veo clavo, así que avizoro en 25 años un Perú competitivo (he estado involucrado en el tema) e insertado exitosamente en la economía global.
Cuando APOYO celebre 50 años, la pista de carrera habrá cambiado y no se repetirán los fracasos del pasado. Para entonces no seré yo, sino tal vez mi hija Andrea, quien dé testimonio a DEBATE de que los peruanos sí podemos y que somos dueños de nuestro destino.
También puedo pronosticar que en los próximos 25 años Alianza campeonará por lo menos 20 veces.

Cecilia Blondet, ex ministra de la Mujer y ex directora del Instituto de Estudios Peruanos
Desde muy temprano, el 19 de julio de 1977 recorrimos las calles del centro de Lima para evaluar la evolución del paro nacional. A mí me tocó el piquete de la calle Capón, y por primera vez probé los dulces chinos.
No hubo enfrentamientos con la Policía y al final del día la voz unánime era que el paro había sido un éxito total. La población se hizo sentir en una sola voz. Precisamente, fue a partir de ese momento, ante la crisis económica latinoamericana que se avecinaba y la movilización popular organizada en las calles, que el gobierno militar aceptó que tenía que convocar a una Asamblea Constituyente. En ese mismo momento, los partidos de la izquierda en pleno comenzaron a discutir sobre la conveniencia de participar en las elecciones. Se inició, entonces, un proceso de alianzas, rupturas y un debate sobre la democracia en el Perú que luego tendría muchos tropiezos, sin duda, pero que marcaba un hito frente a las dictaduras y los regímenes oligárquicos del Perú republicano. Ese es el Perú que recuerdo y que viví intensamente, que me dio tantas ilusiones y frustraciones a la vez. Ya habían nacido dos de mis hijos y esperaba al tercero, trabajaba en el Banco Central de Reserva y salíamos de campamento cada fin de semana que podíamos, al río o a la playa en el verano.
Veinticinco años después puedo constatar que la historia nunca es lineal, que es más bien sinuosa y compleja, con avances y retrocesos. Siendo pesimistas podríamos decir que aprendimos poco sobre la democracia. Que quedamos atrapados entre el desprestigio de la política y la mediocridad de los políticos; que la incompetencia y la corrupción, pero también el terrorismo y el narcotráfico, se apoderaron de y carcomieron el Estado y las instituciones, lo que desvirtuó el sentido de la ley; y que la pobreza se incrementó sustantivamente y agudizó los serios problemas de desigualdad y exclusión social entre la capital y las provincias, la ciudad y el campo, o los hombres y las mujeres, especialmente las más pobres. Sin embargo, la vida continuó aun en los peores momentos y lo sorprendente es que, a pesar de todas esas secuelas, en el 2000 fuimos capaces de luchar valientemente por recuperar la misma democracia que descuidamos años atrás. Quizás, ahora sí comenzamos a aprender que debemos ponernos de acuerdo, que nuevamente tenemos ante nosotros una oportunidad de reconstruir el Perú que queremos para nosotros y para nuestros hijos, y que debemos dejar de pensar, por un momento, en nuestros propios e inmediatos intereses para trabajar por el país de todos. Eso espero y en eso estoy empeñada. En ese sentido, la experiencia en el ministerio ha sido invalorable y refuerza mucho más mi compromiso como peruana. ¡Felicidades a APOYO por sus 25 años!

Sandro Fuentes, abogado
A los 25 años, en 1981, estaba por escoger entre un posgrado o un trabajo como asesor en el Ministerio de Justicia. El presidente Belaunde gobernaba por segunda vez y venía a desmontar la dictadura militar ""revolucionaria"" de 12 años.
Opté por lo segundo, para ver de cerca la democracia recién reinstalada ,por enésima vez, y su funcionalidad en un ambiente de intensa ideologización, cuyo inaudito extremo era Sendero Luminoso.
Velasco había dado su golpe (1968) a poco tiempo del mayo de París, en camino a Woodstock, muerto y crecido el Che Guevara y la irrupción del hippismo en el Cusco, y en mi adolescencia plena. Forzó el socialismo, sin libertad y con policía, por cierto; hizo una reforma agraria, singularmente impactante en una sociedad agrarista como la cusqueña. ""Nacionalizaciones"", castrismo, ""democracia social de participación plena"", propiedad social, y otro montón de eslogans y prácticas, borraron lo que quedó del modernismo de Beltrán, el liberal ministro de los cincuenta. El cóctel mental de los setenta tenía mucho de granadina y vodka, algo de motai y pisco de chacra, unas pintas de ron y hasta hierbas non sanctas. Bebérselo era casi obligatorio y no hacerlo era un asunto existencial muy serio. Varios buscamos otra receta, motivados por la genialidad del rock de la época y un incipiente liberalismo en libros rebuscados. Era algo extravagante por entonces leer a Von Hayek o Popper, mientras ""los otros"" estaban con Marx, Mariátegui, Martha Harnecker y serios estudios de los mensajes imperialistas agazapados bajo el Pato Donald. DEBATE no llegaba al Cusco, o no supe que llegaba, pero seguro que lo inventábamos.
Surgió en el Cusco, dicen, el marxismo-lennonismo (por Groucho y John) y su brazo bohemio los ""Chupamaros"", ambos en cachondeo de la seriedad izquierdista. Pero todo finalmente dañó a la generación convenciéndonos erradamente de no afincar en partidos políticos y que las grandes causas estaban al margen de éstos.
Belaunde no la tenía fácil. Nadie quería ni podía escuchar al mercado, el Estado debía seguir siendo el motor económico. Lo esencial, aunque no diera de comer, era mantener viva la democracia pese al extremismo. Costó, pero lo logró, y en buena hora. Al final, la apertura democrática no conjugó con la económica, que ya era una exigencia.
A los 25 años estaba ya en Lima, pasado por la Universidad Católica, convencido creo para siempre de que el Perú es un archipiélago cultural, axiológico, étnico, lingüístico, económico, etcétera, etcétera; de novio eso sí, casi abogado y casi empleado (el peruanísimo casi) pero seguro de que se superaría el desandamiento de los años setenta. Entre 1980 y el 2000 casi acierto, pero ganó el casi y otra vez el ciclo pernicioso se reprodujo y su final, además de pernicioso, fue una puñalada trapera.
No he logrado encontrar respuesta a este ""penelopismo"" nacional, de tejer para destejer todos los días, a la espera de no sé qué. Lo sigo tratando de averiguar.

Rosa María Palacios, abogada y periodista
1988 fue para mí un año de muchos cambios. Recién salida de la universidad renuncié a mi trabajo de asistente en el Instituto Libertad y Democracia y me dediqué a graduarme de abogada. Estaba comprometida y le había prometido a mi padre que me graduaría ese mismo año.
Así, pues, tenía que sacar adelante tesis, grado, matrimonio y viaje a Austin, Texas, para estudiar mi maestría. Tareas difíciles si se tiene en cuenta que el país se encontraba en estado de emergencia por el terrorismo, los servicios básicos eran menos que básicos (agua y luz racionados), la inflación hacía imposible planificar y la escasez de todo obligaba a colaborar con la familia por lo menos en hacer las colas.
El país se encontraba dividido por la estatización de la banca anunciada por Alan García el 28 de julio de 1987. Como muchos universitarios, salí a gritar ""Alan mentiroso"" y fui testigo de los inicios del movimiento Libertad. Fue una época de desencanto, cuando mi generación tomaba la decisión de irse del Perú a buscar un futuro mejor casi en cualquier parte.
Gracias a dos amigos de APOYO, Gianfranco Castagnola y Pierina Pollarolo, pude usar algo que en esa época era un tesoro: una computadora personal. En esa PC - XT de 256 K, con el procesador de textos Word en su versión 1.0, redacté mi tesis, con la asesoría técnica de Gianfranco, quien se recuperaba de una hepatitis y que podía ser consultado a gritos de un lado al otro de su departamento.
En ese entonces no existía Windows, usábamos el DOS. Otras cosas no existían, pero por culpa del gobierno: electricidad continua, agua potable, cigarrillos importados, crédito, viajes por tierra a provincias. Vivíamos de toque a toque, fumábamos Premier, tomábamos cerveza o vino chileno de contrabando, tener carro era un lujo y las conversaciones giraban en torno a posibles destinos para estudiar fuera del país.
Al final, lo logré. Casada y graduada partí de inmediato a Austin y no estuve para ver a Abel Salinas soltar el paquetazo de 1988, que significó 100 por ciento de inflación en un día. Tampoco estuve el día en que el agua de Lima se convirtió en desagüe, felizmente, aunque hasta hoy creo haberlo vivido de tanto escucharlo.
Meses después, cuando terminaba la maestría y contra el mejor consejo de amigos y familia, decidimos regresar al Perú. Desde ese entonces he sentido siempre que soy peruana por nacimiento y por opción.
Me preguntan qué espero para los próximos 25 años. Espero lo mejor y me preparo para lo peor, lo que confirma mi peruanidad. Lo mejor puede ser que en los próximos 25 años el Perú se integre económicamente al mundo y que tenga instituciones democráticas estables, lo que significa un cambio, ese sí, revolucionario. Aunque la verdad podría contentarme con menos, por ejemplo vivir en una ciudad en donde se pueda usar cartera sin temor al asalto o en donde el tráfico sea ordenado. Lo peor pueden ser muchas cosas, sociedades ciegas, políticos burocratizados, desastres naturales. Pero las concretas son las que afectan a las personas. Por eso a éste y a los próximos gobiernos un pedido para el futuro: no toquen los fondos de jubilación.

Jaime Bayly, escritor y periodista
Cuando se fundó APOYO tenía 12 años, estudiaba en el Markham, vivía con mis padres en Los Cóndores y me excitaba con los libros de Salgari y los goles de Cristal. A esa edad no pen-
saba en el futuro del Perú. El único futuro que ocupaba mi mente era el del Cristal, que también era el mío.
Pasaron 13 años y llegué a mis 25 en 1990, cuando además de entregarme con pasión a las noches afiebradas del Nirvana, apoyé con entusiasmo la candidatura presidencial de Mario Vargas Llosa mientras hacía un programa de televisión en Lima, vivía solo en Miraflores, y soñaba con ser un escritor. Ese mismo año los peruanos eligieron como presidente a Fujimori y pensé que habían cometido un grave error al rechazar la candidatura de Vargas Llosa. Creía que el futuro del país era incierto y que yo tenía que irme para atreverme a escribir la novela que me atormentaba.
Ahora veo al Perú con cariño. Tu país es como tu familia: puede ser atroz, bárbara y disfuncional, pero no puedes evitar quererla. No creo, sin embargo, que las cosas cambien demasiado. Ojalá mejoren, pero tengo mis dudas.

Aldo Shiroma Uza, escultor
En 1977 mi meta más importante era poder caminar sin caerme, mirar ese sitio enorme llamado casa, y recorrer sus pasillos, cuartos y escondites.
Muchos años después, inmerso en clases, utopías y esculturas, mi panorama comenzó a dar giros y volteretas circenses.
Así, llegué a mis 25 años en los tiempos de renovar o quizás despertar las ilusiones y creer de pronto en el cambio. Salir a las marchas, con cierto temor y escepticismo, pero conmovido por el hecho de aplicar por primera vez el derecho de exigir respuestas claras. Ese año, como todos recordamos, fue un tiempo de aguas revueltas. El televisor nos entregaba a diario una raya más del tigre (que para estas alturas del partido era pantera): búsquedas y fugas, golpes de pecho y lágrimas tardías por los videos, cuantiosas sumas de dinero con las que se hacía la burda comparación de ¿cuántos autos se compra este tipo con eso? Pero se compraba cosas de menor valía, la conciencia de esas personas, y algo más grave: la capacidad de utilizar la televisión para embrutecer.
Mis perspectivas en ese momento eran caóticas. Artista casi recién salido del cascarón, intentando mantenerme en pie y pagando las cuentas de vivir. Tenía un constante conflicto interno entre mi escepticismo y las ansias de creer que las cosas comenzarían a mejorar, o por lo menos comenzarían ¿no? Pensaba que en 25 años podría contarles a mis hijos cómo era el Perú en mis tiempos, a sabiendas de que sonaría como un viejo chocho, pero con la esperanza de que la bonanza en la que nos encontraríamos (¡son 25 años!) provocara que duden de mi salud mental.
Han pasado apenas un par de años desde ese momento y mantengo los ojos (rasgados por herencia genética) muy abiertos y los oídos muy atentos a las canciones de cambio, las panderetas y comparsa (no me las trago ni con gaseosa). Ahora todos, todos pero todos, lucharon por la democracia.
En este momento veo caer castillos de naipes por todos lados, se siente el descontento ante las innumerables promesas, y existe una suerte de entendimiento fraternal entre los ciudadanos y el cuy de tómbola.
Pero quiero creer que en el Perú se gesta una conciencia nueva, menos crédula pero más justa y consecuente. Un pensamiento colectivo de responsabilidad y respeto por quien está a nuestro lado y por nosotros mismos. Caso contrario, dentro de 25 años seguiremos aplicando la agotadora capacidad de volver elástico el sólido metal con el que está fabricada nuestra moneda. Y mis hijos no dudarán de mi cordura, verán las mismas atrocidades (u otras peores, en las que no pienso agotar mi imaginación) y padecerán de éstos y tantos otros dolores.
En resumen, el futuro está en nuestras manos y nos espera a la vuelta de la esquina con risa socarrona y dispuesto a hacernos perder el equilibrio. Es cierto que muchas cosas cambiaron desde 1977, pero irreductiblemente mi meta sigue siendo caminar sin caerme tanto, conocer este país enorme y recorrer sus pasillos, cuartos y escondites.

Vanesa Robbiano, actriz
Definitivamente algo andaba mal en el Perú cuando estaba entrando a la mitad de mis 20. En San Marcos, donde estudiaba sociología, el ejército se paseaba por la universidad con ojo vigilante. En la televisión, el medio donde trabajo, los programas ""basura"" y los noticieros eran cortinas de humo que ocultaban lo que verdaderamente sucedía: la dictadura.
Todo esto me abrió los ojos. Yo había votado por Fujimori en 1995 ,en mi primera elección, y hasta allí pensaba que todo estaba bien.
Empecé a manifestar mi disconformidad con lo que sucedía a través de un sindicato de actores que formé junto con un grupo que luego se disolvió. En ese momento me preguntaba "¿qué pasa con nosotros que tenemos miedo?".
Después llegaron las marchas universitarias, de las que fui parte a pesar de la desaprobación de mis empleadores. Luego me sumé al Colectivo Sociedad Civil, formado por diversos artistas y que luchaba a favor de la democracia y de la NO reelección de Fujimori. Allí terminé de definir el verdadero significado de valores y conceptos como democracia, libertad, justicia y patria. Además encontré la manera de expresarme como ciudadana. Nuestra lucha fue simbólica, lavamos la bandera, velamos la ONPE y dejamos simbólicas bolsas de basura en las casas de ciertas ""autoridades"".
En ese momento de lucha en el que sentía que estaba haciendo algo por mi país, que era parte de algo más grande, y que los peruanos estábamos por fin unidos, mi vida estuvo llena de significado.
En el gobierno de transición Paniagua gobernó bien y con transparencia. Tenía la esperanza de que Toledo hiciera mejor las cosas y nos sorprendiera. Ahora sólo nos queda esperar y darle tiempo.
No pasó mucho hasta que la vida me llevó por otro camino. Dos meses antes de cumplir 25 me fui a estudiar actuación a Argentina, en donde estoy actualmente desde hace un año.
Pero a pesar de todo, yo nuevamente apuesto por mi país. Aunque las cosas en el Perú son lentas, no hay oportunidades, y nada parece avanzar, hay que salir para volver. Siempre hay que salir para volver. Al fin y al cabo, sólo en el Perú me siento en casa, es algo mío.
Si me preguntan dónde me veo en los próximos 25 años, me veo en el Perú, trabajando. No sé si las cosas serán muy diferentes, pero quiero imaginar que serán mejores, que habrá más trabajo, la gente bajará menos la cabeza y luchará más por su libertad. Creo que aún hay mucho por hacer, y me gustaría trabajar en eso, en levantar la autoestima peruana. Porque el Perú es grande, los peruanos somos grandes, y tenemos que descubrirnos y reconocernos.
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Consulte Información en Politiqueria Megamix contra la homofobia y ¿Dulces 25?
Consulte Información en Delito y Corrupción Informe Mundial 2014 de Human Rights Watch sobre Perú y ¿Dulces 25?
Consulte Información en Poder y Politica El apoyo económico y Los derechos humanos sino promover

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