martes, 15 de abril de 2014

La comisión de la Verdad y Reconciliación y El modelo económico

Que opina? ENTRE EL CONSERVADURISMO DE MANUAL, LOS LIBERALES CONFUSOS Y LOS LIBERTARIOS ELITISTAS - 06/11/2013 13:20:42

" En el Perú existen dos derechas: una liberal, confinada casi exclusivamente a algunas columnas de opinión y círculos académicos y otra conservadora, que se encuentra más cercana a varios medios de comunicación y redes empresariales. Y que lamentablemente le ha ganado hace varios años el espacio y algunos sentidos comunes en ese sector del electorado.
Pero, peor aún, ni siquiera se trata de un conservadurismo doctrinario. A diferencia de ciertos liberales peruanos que, como anota bien Alberto Vergara, hacen referencia a ciertos filósofos (con el potencial de quedarse en visiones del mundo bastante rígidas), nuestros conservadores criollos ni siquiera tienen un texto fundacional, o se remiten a pensadores nacionales como Bartolomé Herrera o José de la Riva Agüero. Peor aún, básicamente hacen lecturas antojadizas de algunos economistas o abogados estadounidenses o austriacos (cuando las hacen) o terminan haciendo gala de dos elementos: el insulto o el prejuicio. Basta darse una vuelta por las redes sociales para darse cuenta que, en la mayoría de casos, la repetición de epítetos cual mantra es su único argumento de defensa.
Peor aún, este conservadurismo ramplón pretende hacerse pasar como liberal. Y lleva a equívocos como los señalados por Juan Carlos Tafur, hace poco más de un año, en una conferencia en la Universidad de Lima:
¿Es secundaria la democracia para un liberal? Friedrich Hayek nos ha advertido sobre los riesgos totalitarios del abuso de la democracia, pero no recuerdo texto alguno de él señalando que, por ende, la dictadura sea el camino a seguir. Por el contrario, está en la esencia del pensamiento liberal la defensa de las instituciones que permitan justamente el control del poder absoluto.
¿Es irrelevante la defensa de los derechos humanos para el liberalismo? Algunos talibanes liberales señalan que la Declaración Universal de los Derechos Humanos es la piedra filosofal del intervencionismo económico. Comparto que, vista con amplitud ingenua, en ella nos asomamos a una expresión de deseos que deriva en visiones estatistas, pero un liberal no podría ni debería poner en segundo plano que finalmente los derechos humanos nos conducen a la puesta en valor del individuo sobre el Estado, del ciudadano sobre el poder merced al imperio de la ley y el Estado de derecho.
¿Carece de significado la lucha contra la corrupción en un liberal? ¿No es la corrupción, acaso, una de las formas más claras de vulneración de los derechos de propiedad y del juego del libre mercado? ¿Por qué se le tolera entonces como un daño colateral?
Pero, peor aún, algunos liberales también caen en este tipo de argumentaciones y privilegian, antes que las libertades políticas, las del mercado. Así ha ocurrido con la serie de panegíricos dados a la muerte de Jorge Camet, ex ministro de Economía del fujimorismo. Como bien apunta Roberto Bustamante:
En el más benigno de los escenarios, en el que Camet simplemente miró a otro lado mientras robaban la plata del estado que él administraba, ¿valió la pena? Mejor es verlo desde la complejidad, desde lo trágico de apoyar un golpe de estado desde la CONFIEP y con la CONFIEP, luego comerse el pleito de ser ministro de industria, cuando había que pelearla por la institucionalidad, luego apostar por una reforma económica, cuando simultáneamente había que firmar cheques donde destruían todas las otras instituciones.
Lo mismo ocurre en el caso de Martha Chávez. ¿Cuántos de los preocupados por las libertades económicas han protestado por un nombramiento que, a todas luces, resulta un despropósito? Para variar, la derecha le ha regalado nuevamente a la izquierda (y a parte del centro) la bandera de los derechos humanos, olvidando su origen liberal. Incluso los críticos del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación no se han percatado que han nombrado a su peor vocera.
Y para complejizar más el panorama, en algunos pequeños círculos, ha surgido una corriente libertaria, que toma algunas banderas del liberalismo, pero que termina en un miedo hacia el Estado que los pone casi cerca del Tea Party gringo. Y que tiene dos problemas, comentados hace algunos meses por Eduardo Dargent:
Los libertarios asumen que la intervención estatal se jus
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Cine y Television

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